Necrológicas
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Nació el 14 de noviembre de 1970. Falleció el 10 de abril de 2026 a los 55 años.
“Hoy nos toca despedirte con el alma en la mano y el corazón lleno de amor. El viernes 10 de abril partiste, pero dejaste en nosotros una huella imposible de borrar. Fuiste mucho más que un esposo, un padre o un abuelo… fuiste el pilar de nuestra familia, el abrazo seguro, la palabra justa y la presencia que siempre nos daba paz.
Como esposa, me queda el privilegio de haber compartido la vida a tu lado, de haber construido juntos una historia llena de momentos simples pero inmensamente valiosos. Tu amor fue mi hogar, y tu recuerdo será siempre mi refugio. Te amé, te amo y te voy a amar hasta mi último suspiro. Esperame y buscame porque nuestra historia de amor no se terminó con tu partida.
Hoy te despedimos con profundo dolor, pero también con gratitud infinita. Nos enseñaste con tu ejemplo el valor de la familia, el respeto, el esfuerzo y el amor sincero. En cada uno de nosotros vive un pedacito tuyo.
Nos quedan tus enseñanzas, tus risas, tus consejos y cada instante compartido. Nos queda el amor, que no se va, que no muere, que trasciende todo.
Descansá, en paz. Siempre vas a vivir en nuestros corazones.
Tu esposa Flavia, tus hijos, nueras, nietos, hijos/as y nietos del corazón”.
JUAN ANTONIO ÁLVAREZ
Nació en Castelli el 28 de mayo de 1940. Falleció a los 85 años, el 6 de abril de 2026.
Fue hijo de Antonio Matías Álvarez y Juana María Vissoso. Siendo niño, su familia se trasladó al paraje San Antonio, en el campo de la familia Harguindeguy, donde cursó sus estudios en la Escuela N°38.
Desde muy joven trabajó en el campo junto a la familia Tuculet, compartiendo sus épocas con su gran amigo Jorge Montero.
En 1967 contrajo matrimonio con Celia Palavecino, con quien formó una hermosa familia y tuvo tres hijos: María de los Ángeles, Virginia y Luciano.
Tiempo después se radicó en Tandil, donde desarrolló su labor en la fábrica Buxton, llegando a desempeñarse como supervisor. También trabajó como camionero durante varios años junto a Pedro Clemente, hasta su merecida jubilación.
A lo largo de su vida estuvo acompañado por el cariño de sus hijos políticos, Aníbal y Claudio. Su vida se iluminó aún más con la llegada de sus queridos nietos Sofía, Martín, Julieta y Milagros; sus nietos políticos Matías y Leo; y sus bisnietos Gio y Tadeo.
Durante los últimos cinco años, en el proceso de su enfermedad, estuvo rodeado del amor incondicional de toda su familia.
La familia agradece profundamente la dedicación y el cariño brindado por sus enfermeros Hernán Colombo y Rubén Tamame, quienes lo acompañaron con calidez durante todo este tiempo. Asimismo, hace extensivo su agradecimiento al Hospital Ramón Santamarina, a sus médicos y a todo el personal de la Sala 3, por la atención y el compromiso brindados.
Su recuerdo vivirá por siempre en el corazón de quienes lo amaron.
JUAN RAMÓN BARRERA
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Nació el 26 de marzo de 1943, en San Rafael, Mendoza. Falleció el 9 de abril de 2026 a los 83 años.
Hijo de Zoila Funes y Ramón Barrera, y el menor de nueve hermanos. Formó una familia que fue el centro de su vida, padre de Juan, Andrés y Pablo; abuelo de Susy, Fede, Lucía, Laura, Bruno, Tomi, Pili y Milo; y bisabuelo de Amy.
Vivió en Dock Sud y, con los años, eligió Tandil para quedarse, arraigándose en el barrio Villa Gaucho, donde construyó su hogar y su historia.
De profesión hojalatero, fue un trabajador prolijo, responsable y comprometido, reconocido por su oficio.
Apasionado del escultismo, formó parte del Grupo Scout Martín Rodríguez y, más tarde, fue uno de los fundadores del Grupo Scout La Movediza. En ambos, dejó una huella profunda en generaciones de niños, niñas y jóvenes, compartiendo enseñanzas, anécdotas y valores. “Siempre listo para servir” no fue sólo un lema, sino su forma de vivir.
Fue un hombre de espíritu joven, de sonrisa franca y presencia constante. Siempre estuvo acompañando, escuchando, aconsejando pero sin decir, sino que hablaba con su experiencia. Una persona frontal cuando hacía falta, porque siempre fue auténtico, siempre fue él.
Amaba compartir. Disfrutaba viajar, conocer, volver a su querido San Rafael. Le gustaba bailar folklore y, sobre todo, cocinar para su familia y amigos. Su pollo al disco y sus asados eran excusa y encuentro, momentos que hoy viven en la memoria de quienes los compartimos.
Quedan sus gestos, su risa, su voz, sus historias y esos abrazos que decían tanto sin palabras. Queda también su forma de transformar cada charla en enseñanza, cada encuentro en un momento significativo, cada vínculo en algo profundo.
Vivió plenamente, con aciertos y errores, con alegrías y tristezas, animándose a cada oportunidad que la vida le presentó. Y en ese vivir dejó huella en su familia, en su comunidad scout y en cada persona que tuvimos el privilegio de conocerlo.
“Las palabras no alcanzan para agradecerle ni para recordarlo, pero alivian un poco el dolor de saber que no está físicamente, porque vive en cada anécdota, en cada enseñanza, en cada risa compartida.
Para nosotros su familia, para quienes lo quisieron, Juan Ramón Barrera es eterno”.
AMANDA VALLEJO DE VILLAR
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Nació en Brasil el 10 de mayo de 1942. Falleció a los 83 años, el 9 de abril de 2026.
A pocos meses de su nacimiento, con sus padres don Bienvenido Vallejo y Matilde Vázquez, correntino y paraguaya, se trasladó a Paraguay y adoptó la nacionalidad de ese país.
“Con la esperanza de estar mejor, con sus padres y sus hermanitos Oscar, Mario y Daniela, emigraron y se alojaron en Quilmes.
Allí conoció a mi padre Alberto Villar, quien trabajaba de ferroviario, y se casaron.
En 1976, Alberto fue trasladado por el ferrocarril a Tandil, donde se asentaron. Tuvieron dos hijos: Oscar y Mariana Villar; cuatro nietos: Alejandro, Maximiliano, Jerónimo y Agustín; y dos bisnietos. Abril y Dante.
Amanda fue una persona trabajadora, ya en Buenos Aires trabajó en la fábrica La Bernaleza y, en Tandil, fue una de las primeras ‘canillitas’.
Para hacer ese trabajo tan duro salía con su bicicleta en días de calor, frío, llueva o granice, ella llegaba con las noticias a una parte de la sociedad tandilense, supo tener su kiosco de revistas ubicado en Rodríguez y Mitre, donde cosechó innumerables amistades.
Fue una persona muy sociable y querida, siempre tratando de asumir las situaciones sociales con ternura y solidaridad, preocupada por el bienestar de su familia y los demás.
Fue un ejemplo de mujer que luchó hasta sus últimos suspiros por la vida, y partió en su casa con sus afectos y llena de amor a los 83 años producto de un cáncer, por el cual tuvieron que extraerle el estómago.
Mi mamá deja una huella imborrable para aquéllos que la conocieron, que la quisieron.
“A mi mamá Amanda:
Ruedas pequeñas,
piernas valientes,
con el frío en los huesos,
y el calor en la frente.
Por la acera va,
las noticias llevando,
bicicleta andante,
y el dolor en sus manos.
Su sonrisa radiante
en el andar cotidiano,
las miradas curiosas,
conciencia derrochando.
Por las calles va mi viejita,
transitando lo consciente,
la cabeza bien en alto,
destrozando lo inconsciente.
Mi viejita ‘la canillita’
va forjando futuro,
Lo gratis…inexistente,
y miradas de un pueblo verdugo.
Kilómetros recorridos,
asesinas dictaduras,
momentos tempestuosos,
de mi pueblo batallando monstruos.
Garra, firmeza, valentía,
mi viejita en bicicleta,
llevando siempre noticias,
marcaba ya la diferencia
en tiempos tempestuosos,
donde escondían la cabeza.
Conciencia contra inconciencia,
fue su consigna errante
en una ciudad cristiana
que juzgaba tras las puertas”.
YOLANDA MANERA DE GABASTOU
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Nació el 26 de abril de 1938. Falleció a los 87 años, el 9 de abril de 2026.
“Hoy nos encontramos en estas líneas ante la tristeza por tu partida, con la gratitud inmensa de haberte tenido como madre y abuela. Es muy difícil expresar lo que sentimos luego de tantos momentos compartidos, tantos consejos, cada abrazo, tu amor incondicional siempre fue nuestro refugio, y tu fuerza la inspiración para retomar el camino.
Queremos agradecerte lo que has hecho por nosotros y decirte que tu luz seguirá brillando cada día y tu memoria estará siempre en nuestros corazones”.
Omar, Laura, Lucrecia, Virginia, Carolina, Matías y Mariano.
VÍCTOR RAMÓN ORELLANO (4/9/38-11/11/25)
SARA D. GUTIÉRREZ DE ORELLANO (9/4/40-10/4/26)
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Formaron un hogar donde la cultura del trabajo siempre fue horizonte: él ferroviario, bancario, pelotari; ella empleada de comercio, costurera, ama de casa.
Formaron una familia con hijos y nietos, donde la amistad fue un disfrute.
“Oh, antes de que apaguen todas las luces
no leeremos sus errores o sus aciertos.
El tiempo ya pasó.
Les diremos ‘buenas noches’, cierren la puerta,
les diremos que los amamos, una vez más.
El tiempo ya pasó, así que aquí está.
No somos sus hijos, no son nuestros padres,
sólo somos hombres adultos despidiéndose.
No hay necesidad de perdonar, no hay necesidad de olvidar,
nosotros sabemos sus errores y ustedes saben los nuestros
y, mientras estén durmiendo, intentaremos hacerlos sentir orgullosos.
Así que, papá, mamá, ¿no pueden tan solo cerrar los ojos?
No tengan miedo, es nuestro turno
de hacer que los monstruos se vayan.
¡Gracias Cachito y Sarita por tanto!
Con inmenso amor, sus hijos, nietos y amigos”.
