Trasplante de órganos: “El efecto dominó que genera una familia que acepta donar no tiene límites”, dijo Salceda
“Hoy en día es difícil decir si un donante salva siete vidas porque la ciencia ha avanzado mucho. De hecho, de un solo hígado se puede a veces trasplantar a más de una persona, se puede llevar un riñón para cada paciente, y lo mismo pasa con los pulmones”, sostuvo Juan Salceda especialista en trasplante hepático. Durante esta entrevista con El Eco de Tandil, el cirujano se refirió además a la necesidad de concientizar a la población para incrementar el número de donantes y desestimó varios mitos que circulan sobre el tema.
“El efecto dominó que genera una familia que acepta donar no tiene límites”. Así lo aseguró, sin ninguna duda, Juan Antonio Salceda, médico especialista en trasplante hepático en su diálogo con El Eco de Tandil.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn medio de la campaña “Un corazón para Inés” que busca concientizar sobre la donación pediátrica de órganos, el profesional de Tandil formado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de París aportó la mirada médica y científica sobre una cuestión tan sensible, que otra vez toca de cerca a la comunidad local.
El caso de Inés Socobehere, la beba de un año de esta ciudad que desde enero pasado se encuentra internada en el Hospital Italiano de Buenos Aires a la espera de un trasplante de corazón, motivó esta charla que busca informar sobre este tema que involucra a toda la sociedad y que tantas veces es considerado tabú.
Durante la entrevista, el cirujano se refirió a la necesidad de concientizar a toda la población para incrementar el número de donantes, desestimó varios mitos que circulan sobre los procedimientos y destacó: “en un momento tan doloroso como la muerte de un familiar, uno puede salvarle, o al menos mejorarle la vida, a más de una persona”.
-¿En qué situación se puede ser donante de órganos?
-Primero, los médicos de los centros de procuración -que son ni más ni menos que terapias intensivas de los hospitales- deben constatar que el paciente tiene muerte cerebral, es decir, que está fallecido. Y es importante dejar en claro que un paciente que tiene muerte cerebral está fallecido, por más que el corazón siga latiendo –artificialmente- por el uso de la medicina, tecnología, drogas, equipos, etcétera. Luego de la constatación de la muerte, se inicia el proceso: se realiza una serie de estudios clínicos que están centralizados en el Incucai, descentralizados del territorio donde sucede la donación y vueltos a descentralizar. Esos órganos se ofrecen a los equipos de trasplante de las distintas provincias. Los que trabajamos en esto estudiamos a su vez si ese donante es apto para nuestro paciente porque la donación requiere de compatibilidad antropométrica; esto quiere decir, básicamente, que haya similitud de tamaño y peso entre donante y receptor. Y luego hay también condiciones clínicas involucradas. Creo que, de todas maneras, lo más importante para transmitir como mensaje es que todos podemos ser donantes y que todos podemos tener, en algún momento, la potencialidad de ayudar a alguien. En un momento tan doloroso como la muerte de un familiar, uno puede salvarle, o al menos mejorarle la vida, a más de una persona.
-¿Qué sucede con la donación pediátrica? Obviamente tiene que existir el consentimiento de los padres o tutores del niño o adolescente que fallece…
-La Ley Justina introdujo algunas modificaciones; ya se planteaba la necesidad de simplificar la burocracia, los controles y otras cuestiones, ya que hay hogares monoparentales o padres que hace años que no están presentes con sus hijos y eso le ponía obstáculos a la madre a la hora de consentir la donación. Hay un montón de circunstancias que se fueron simplificando, sin perder la rigurosidad, para tratar de estimular la donación. Los trasplantes pediátricos son menos frecuentes pero existen, por lo cual es muy importante hablar de este tema. La donación es un acto de amor altruista y desinteresado que surge en un momento de mucho dolor para la familia. Y es muy importante dar estas discusiones, porque es mucho más fácil reflexionar sobre esto por fuera de esa situación y tener una potencial respuesta preparada antes de desayunarse con todas estas cuestiones a las 3 de la mañana en un momento en el que no podés creer el dolor que estás sufriendo.
-¿Considera que hay conciencia en la sociedad sobre lo que representa el trasplante pediátrico?
-La procuración en niños es algo sobre lo que tenemos que trabajar más. Eso se visualizó mucho en Tandil, sobre todo desde el tema de Isi y todo el trabajo que hizo el grupo encabezado por su mamá, Laura Aladro, una familia que, aunque vivió un proceso exitoso, le sigue dando continuidad al tema. Creo que hay cuestiones que le corresponden al Estado, hay cuestiones que le corresponden a la ciencia y hay otras que son de la comunidad. Y el mensaje hacia la comunidad es que el acto de donación termina muchas veces ayudando también de una manera muy especial a hacer el duelo por la pérdida personal, sabiendo que uno puede trascender con este gesto y ‘hacer un bien -como decían nuestras abuelas- sin mirar a quién’.
-¿Hay una edad límite para ser donante?
-No, generalmente los pacientes muy añosos son donantes un poco más marginales. En un momento había una edad límite de 65 años, después se corrió a los 75 y ahora se usan donantes de 80, 80 y pico años. La edad no es un limitante, el limitante es cómo llegue la persona a esa edad y eso se estudia en ese momento.
La Ley, los mitos y el efecto dominó
La legislación argentina -Ley 27.447, “Ley Justina”- considera donante a toda persona mayor de 18 años que haya manifestado su voluntad afirmativa o que no haya dejado constancia expresa de su oposición.
La norma, sancionada en agosto de 2018, apunta a ampliar la cantidad de donantes sin quitarle rigurosidad a todos los procesos científicos involucrados.
“Se fue evolucionando con las leyes”, dijo Salceda, y amplió: “antes te tenías que anotar como donante cuando rendías el examen para tener el carnet de conducir o en un stand del Incucai que hubiera en algún evento; luego se pasó hacia una Ley de donante presunto y, en la actualidad, hay una simplificación de todo eso y está la libertad de los médicos que están en la terapia intensiva de iniciar el proceso de donación”.
“Esto no es ir en contra de la familia”, aclaró el médico cirujano, y explicó que “si, por ejemplo, hay una persona que falleció de muerte cerebral porque tuvo un accidente en moto y es un buen candidato para ser donante, se activa todo el protocolo”.
“Después se le explica a la familia cómo es el proceso, se le cuenta que ya fue iniciado, que se trata de un proceso cuidado, transparente, normalizado, regulado y controlado. Y la familia, de todas maneras, tiene que dar el consentimiento para la donación”, expresó el médico especialista.
Y contó que “lamentablemente, según datos del Incucai, la gran mayoría de los procesos de donación iniciados se interrumpen por negativa de la familia cuando había un donante potencial que podría servir”.
“Por eso –reiteró- es tan importante hablar de este tema y destacar la transparencia que hay en todo el proceso, para derribar algunos mitos”.
-¿Cuáles son los mitos más frecuentes?
-Cuando éramos chicos se decía que andaba una camioneta secuestrando chicos para sacarles los órganos; también hubo y hay creencias como que uno puede saltearse la lista o incluso pagar para que lo trasplanten primero… Todo eso está descartado. No hay que perder de vista que en un proceso de trasplante participan más de 100 personas. Nosotros en la clínica Pueyrredon de Mar del Plata, por poner un ejemplo, somos diez personas en quirófano poniendo el órgano pero hay un grupo de tres o cuatro que lo fueron buscar en avión, donde se encontraron con otras tres o cuatro personas de los centros que procuraron órganos. Y en ese lugar hay tres o cuatro de la terapia, intensiva más tres o cuatro que mandó el Incucai para fiscalizar. O sea, hay una infinidad de gente que trabaja en esto para que se haga bien.
-¿Es verdad que un solo donante puede salvar hasta siete vidas?
-La verdad es que hoy en día es difícil decir si son siete porque la ciencia ha avanzado mucho. De hecho, de un solo hígado se puede a veces trasplantar a más de una persona, se puede llevar un riñón para cada paciente, y lo mismo pasa con los pulmones. A veces, el trasplante es el factor que cambia la muerte por la vida y otras veces los tejidos pueden cambiar el devenir de enfermedades crónicas que no tenían respuesta. Es difícil decir si son siete; yo voy a repetir una frase de Laura Aladro durante una charla que dimos el año pasado en Flama. Ella dijo: “Se suele decir que un trasplante salva siete vidas. Les puedo asegurar, que las que salva son muchas más”. Yo creo que el efecto dominó que genera una familia que acepta donar no tiene límites.
“Todas las terapias intensivas son puntas de entrada para activar el protocolo”
Juan Salceda es subjefe del equipo de Trasplante Hepático de la Clínica Pueyrredon de Mar del Plata. En esa área creada en 2011 se realizaron hasta el momento más de 50 trasplantes.
Consultado acerca del protocolo que se inicia toda vez que aparece un posible donante, Salceda explicó que “todas las terapias intensivas son puntas de entrada para que, si hay un proceso de donación, se active el protocolo vigente”.
“Mientras tanto, se sostiene al paciente ya fallecido con medidas de alta complejidad en la terapia intensiva –se mantiene el corazón y la sangre en circulación y los órganos en estabilidad- y se convoca a un equipo de procuración de la Provincia de Buenos Aires para que esa donación se pueda hacer efectiva”, sostuvo.
También agregó que “después se inicia otra logística porque vienen desde otras ciudades o provincias a buscar el o los órganos”.
En ese marco, el médico comentó que si bien “en Tandil no tenemos todavía formado un centro de procuración, se procura igual”.
“De hecho, en el Hospital ‘Ramón Santamarina’ ya se generó la semilla para empezar a trabajar más en la procuración”, finalizó.
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En números
Según datos del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), 7.386 argentinos necesitan en este momento un trasplante para salvar su vida y 192 son niños o adolescentes.
Este año se realizaron 432 trasplantes mientras que 195 personas donaron sus órganos.
En Argentina 4.14 es la cantidad de donantes por cada millón de habitantes este año.