De vuelta en Sans Souci, exIserianos reconstruyen la historia del violento cierre del magisterio rural
Ocurrió el 2 de julio de 1976, cuando el palacio construido por la familia Santamarina fue transformado en un centro de inteligencia de la Policía Bonaerense. Los jóvenes de entonces, que estudiaban una especialización en magisterio rural, viajaron a Tandil para visitar el predio y hacer valiosos aportes a la memoria colectiva, en el contexto del juicio por el circuito represivo de La Huerta. “Tal vez nuestra visita ayuda un poquito a desatar algún nudo”, expresó una de las alumnas que vio coartada su trayectoria educativa.
En el marco de las jornadas “Entre la historia y la memoria. Recuerdos, testimonios y silencios” hoy, a las 10.30, se realizará un recorrido por Sans Souci, donde funcionó el ISER hasta el 2 de julio de 1976. Para participar de esta y otras actividades, arribó a Tandil un grupo de exIserianos, los jóvenes que en aquel momento vieron cómo la última dictadura cívico militar cerraba su casa de estudios y coartaba sus derechos.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailAntes de la recorrida por San Souci, donde se plantará un árbol en homenaje a los exIserianos, los protagonistas brindaron una emotiva charla en la sede del Instituto de Formación Docente y Técnica 10. La cita fue el jueves al atardecer, cuando los recién llegados se sentaron delante de la comunidad educativa para reconstruir aquel hecho histórico. Todo ello sin perder de vista la relación necesaria que mantiene con el juicio oral que enfrentan los imputados en la investigación del circuito represivo conocido como La Huerta.
Estuvieron en el encuentro referentes de Memoria por la Vida en Democracia y profesores y estudiantes de las carreras de Historia, Geografía y Comunicación Social, quienes realizaron las preguntas que estructuraron un conmovedor relato desconocido para la mayoría de los tandilenses.
Cinco voces de un relato silenciado
Frente a un nutrido auditorio, los exIserianos y docentes Patricia Couto y Carlos Müller, de Buenos Aires, y Mary Lucero, oriunda de Bolívar, y Marichu Arteaga y Graciela Parma, de La Plata, se reencontraron en Tandil para hilvanar el relato que derivó en el intempestivo cierre de la carrera de magisterio rural que dictaba el ISER y la apropiación del predio de Sans Souci por parte de la dictadura para montar un centro de investigaciones de la Subregión Interior de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.
Menos Mary, que ya cursaba las prácticas al momento de la interrupción del servicio educativo, los cuatro restantes habían ingresado en marzo del 76. A 46 años de aquel grave episodio, se reunieron para completar entre todos los baches de la memoria, en un ejercicio colectivo tendiente a develar lo que pasó pero leyendo aquellos episodios “con el diario del lunes”.
En el ISER, una prestigiosa institución reconocida en Latinoamérica, se dictaban las carreras magisterio rural y ciencias naturales. Los estudiantes que venían a especializarse en la formación docente desde el trabajo con las comunidades rurales se hospedaban en Sans Souci, allí cursaban la teoría desde perspectivas progresistas como la de pedagogo brasileño Pablo Freire, pero además trabajaban la tierra y criaban animales.
“Nosotros somos de la generación que entramos y nos tuvimos que ir, nos echaron; pero fue de una intensidad tan grande que hace que estemos acá y orgullosos de haber estado en el ISER”, contó Marichu Arteaga, y concluyó que “fue muy duro y eso nos unió terriblemente”.
En paralelo, Graciela Parma manifestó que “encontrarnos nosotros y volver juntos al ISER es fuerte”. Y expresó que “para nosotros es una historia querida, pero quedó en la cocina de casa”, entonces puso el foco en la dimensión social que tuvo el cierre.
Por su parte, Patricia Couto refirió que su madre, a los 92 años, le recordó que cuando la acompañó a Tandil a inscribirse a la carrera, le había dicho: “Esto es un paraíso” y reforzó la teoría de que esta historia “quedó entre casa”, pero tuvo “efectos colaterales, que no sólo fueron los desaparecidos, los exiliados, también destruir lugares de excelencia como el ISER que reunía a maestros destacados para especializarse en docencia rural”.
Los indicios
En esa charla, entre emociones y anécdotas, los exIserianos contaron sobre los primeros indicios de las consecuencias posteriores de la dictadura. Primero, durante la convivencia en San Souci, comenzaron a desaparecer bienes de la estancia, como un coqueto juego de vajilla que estaba guardado en un sótano de la cocina, y la dinámica siguió con otras cosas.
Un buen día, el coronel Jorge Videla arribó al palacio, con una comitiva, y almorzó en el lugar. “Inmediatamente después corrió la noticia de que iban a intervenir el instituto”, recordó Mary, quien cursaba tercer año de la carrera en el ISER.
El miedo se iba instalando a través de comentarios en la “burbuja” en la que convivían los estudiantes, y un mes después de la incursión de Videla, llegó un contador. La visita, extraña para los alumnos, llevó a que increparan a las autoridades educativas por la bronca que les causaba que cerraran la carrera a poco de recibirse.
Además, un escuadrón de soldados se instaló en el ISER, durante varias semanas, en el apero que funcionaba debajo del edificio destinado al dormitorio de los varones.
Carlos Müller sumó que “en la última semana de junio cae una comisión de terciaria de La Plata que venía ya con instrucciones, nos avisan que lo van a cerrar y nos dan un plazo para desocupar. Nosotros quisimos, de manera bastante inconsciente –nos dimos cuenta luego-, hacer una suerte de resistencia y dijimos ‘vamos a difundir a los medios lo que estamos haciendo’”.
En ese momento, los estudiantes acudieron a las radios y a la Universidad de Tandil que “nos cerraron absolutamente las puertas y el argumento era que el ISER era una cueva de Montoneros, esa era la versión oficial”, dijo Marichu Arteaga y llamó a recuperar “estos silencios” que hubo en la comunidad de Tandil.
El reencuentro
Hace unos cinco años, por iniciativa de Patricia Couto y con el avance de la causa La Huerta, comenzaron a contactar a los exIserianos que hoy son diez. Sin embargo, continúan buscando al resto de los compañeros ya que en julio del 76, entre todos los cursos, había más de 50 alumnos.
El intempestivo cierre afectó a la carrera de magisterio rural, mientras que ciencias naturales siguió con las cursadas en el edificio de Belgrano y Moreno aún conocido por la comunidad como el ISER.
Sobre el final, el grupo transmitió su ansiedad por la recorrida que hará hoy en San Souci. Muy emocionada, Graciela Parma confió en que reconstruir la historia del cierre del ISER “va a ayudar un poquito a desatar otro nudo”.
En ese sentido, Carlos Müller analizó que en esos tiempos no vieron la necesidad de defenderse del acto que les impidió estudiar con libertad, pero resaltó que por Sans Souci “poco después pasaron otros jóvenes que hoy nos faltan, y nos faltan a todos”.
Debes iniciar sesión para poder comentar
INICIAR SESIÓN¿No tenés cuenta? Registrate aquí