Cartas de lectores
Intiman a una mujer a pagar por
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailno dar de baja un medidor
Señor Director:
A mis sesenta y cinco años de edad, me doy cuenta en la sociedad, o en la suciedad, en donde tenemos que vivir. Contaré o gritaré a las autoridades competentes, la impotencia que genera este mundo al revés, bajo mi punto de vista, esta justicia injusta que tenemos que aceptar los que sin banderas partidarias políticas aceptamos las leyes de las autoridades o los reglamentos que nos competen, hasta ahora en silencio; pero, aunque al hombre no se le mueva un pelo, voy a volcar esto sin entender de esta cuestión que me entristece.
He tenido que vivir de cerca esta historia con una amiga de ochenta y tres años de edad, que vivió en una burbuja cuidada por su esposo hasta que él falleció, y ahí comenzó a transitar por este mundo de intereses, cometiendo errores por su ignorancia, pero sin picardías ni fraudes tramados, y cometió la negligencia de no haber dado de baja los medidores de luz (del servicio suministrado por la Usina Popular de Tandil) en dos diferentes domicilios en los que vivió; por lo cual hoy es intimada al corte de luz en su domicilio actual, por una deuda de casi 9000 pesos que se acumuló en el anterior domicilio de calle Movediza 789, alquiler que se efectuó a-través de la inmobiliaria ubicada en calle Quintana-, siendo entonces representante el señor Corrado, dueño de ese domicilio y hoy reemplazado en sus negocios por su hijo, quien asevera no haber alquilado a nadie esa propiedad; sin embargo, los empleados de la Usina aseguran que ese medidor siguió consumiendo energía (mayor aún de la que consumía mi anciana amiga cuando vivió en ese domicilio).
Resumiendo: El joven Corrado (hijo) se lavó las manos. Y, el señor empleado de la Usina, quien amablemente nos dedicó unos minutos de su tiempo, nos dijo: “Mi trabajo es cobrar”, y nos dejó en las manos un plan de pago, el cual mi amiga está dispuesta a pagar. Pero yo sé, y Dios sabe, que ella llega a fin de mes con el suspiro de su sueldo, porque está muy enfermita y por causa de sus enfermedades tiene que comprar alimentos muy costosos. Ahora les contaré algo de la personalidad de esta anciana: asume sus errores, ayuda al que se le cruza, da lo que no tiene, ora por los que la explotan y espera la justicia de Dios; llora en silencio sin desear mal a nadie. Por ella, expuse a las personas involucradas en esta injusta justicia de los hombres. Y, es así, todos cuidamos lo que creemos tener.
Eso sí, hoy entiendo por qué me cuesta tanto emitir un voto. Hecha la ley hecha la trampa. La ley de este mundo es para los depredadores, sin piedad, sin temor, sin amor.
Cristina González
DNI 10.949.770