Cartas de lectores
Señor Presidente es hora de cambios y un nuevo rumbo
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email
Señor Director:
En 2015 muchos decidimos un cambio sin pertenecer al PRO, para salir de décadas de populismo y corrupción, que dejaron un estado de decadencia sin precedentes. Apostamos a una idea diferente. Han pasado casi tres años y no nos han demostrado, salvo excepciones, algún cambio sustancial, con el cual estemos menudamente conformes. Vivimos una crisis profunda, de la que no se sabe cómo salir. Incluso han perdido espacios en sitios importantes. Mantienen en algunos casos una soberbia inusual, actitud que no se condice con las promesas de campaña, la antítesis para llegar a buen puerto; sin lugar a dudas no tuvieron en cuenta que muchos de ellos eran a “largo plazo y con todos los argentinos, o con todos los partidos políticos”.
Es hora de un nuevo rumbo. La democracia se nutre de pluralidad de ideas y consensos de las mismas para llegar a un objetivo óptimo. Hay figuras en el gobierno con inexperiencia política y/o la reticencia al cambio.
Con asesores o ministros que carecen de cintura política no hay forma posible de armonizar ideas. Queda poco tiempo para actos positivos. Hay que propender al bien común dejando de lado mezquindades e integrar nuevas formas de pensar en lugar de mantener opiniones inflexibles. Vivimos una etapa de estrés supremo y sufrimiento. Creo señor Presidente que llegó la hora de dejar de lado el “amiguismo”. Hacer más cambios en algunas de ese enmarañado ajedrez en el cual está sumido el gobierno, con el objetivo incumplido de una Argentina con pobreza cero, que sabemos todos en cuatro años no se logra, pero sí se puede empezar a construir en ese lapso. Tómelo como un sano consejo.
Rodolfo C. Castello
DNI 21.314.885
El final de una sociedad inculta y enferma
Señor Director:
Algo está mal en la cabeza de quien tira una piedra. En la de quien elabora el operativo de seguridad y deja sin vigilancia una zona vital, zona liberada. De quien dice en las redes sociales que se asustaron y buscaron una excusa para no jugarlo. Y de quien le responde “te vamos a matar”. Matar. Matar al otro.
Como las antiguas tribus se sentaban frente al fuego nos sentamos frente al televisor, espejo lo que somos en HD. Asco. Miedo, aún a kilómetros de Núñez. Tremenda derrota de todos nosotros. La Superfinal es el final de una sociedad inculta y enferma, con sistemas de convivencia heridas de muerte y protocolo de control y seguridad ineficientes.
Lo que mostraron las pantallas de TV ponen marcha atrás a la memoria imposible ignorar aquel deseo presidencial de jugar los dos partidos con hinchas visitantes y el impulso que dio la ministro de Seguridad a esa idea. ¿Cómo olvidar la frase de la funcionaria? “Si recibimos a un G-20 cómo no vamos a poder controlar los visitantes en un Boca-River? No se pudo.
A una semana del G-20 que sitiará la ciudad no se pudieron controlar cinco cuadras, desde Libertador hasta la entrada al Monumental. Alguien debería dar alguna explicación. A veces, como en estas horas, se suele escuchar o leer aquello de los “inadaptados de siempre”. Que pereza de análisis, que falacia impresionante. Están perfectamente adaptados a lo cotidiano. Son lo cotidiano. No puede funcionar una sociedad en la que un espectador de fútbol se juega la vida desde que sale de su casa. El triunfo no es del equipo amado, es regresar con vida. Todo es un horror, todo es un espanto.
Daniel Lagares
DNI 20.314.533