Bomberos voluntarios de Gardey y el incendio en las sierras: “Estuvimos desde las 2 a las 8 y nos fuimos a trabajar”
Son voluntarios y miembros fundadores del cuartel de la localidad. Contaron su experiencia de trabajo en el incendio.
Apenas se vieron las primeras señales de fuego en las sierras el lunes pasado, los bomberos voluntarios de Gardey comenzaron a recibir mensajes y fotos que les advertían por la situación. Algunos de ellos estaban disfrutando de la tarde en la pileta, o jugando al pádel, pero no tardaron en dejar todo para armar la guardia y esperar el llamado que los convoque al lugar. Cerca de las 23 llegaron al Cerro de la Cruz, y se sumaron al operativo que duró hasta las 8 de la mañana del día siguiente. Colaboraron en la contención del fuego, y tras una madrugada de acción, cada uno regresó a su casa pero no para descansar sino para ir a trabajar. El eco de Tandil volvió a la zona del incendio con dos de los voluntarios, que desde el paisaje de cenizas compartieron su experiencia.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“Fue una noche larga. Pero me fui a trabajar, y después volví a casa a las 7 de la tarde. Recién ahí me acosté a dormir y me levanté al otro día. El cansancio aparece, aparece en el físico, aparece en lo mental, aparece en todo. Y veníamos de estar en actividad, yo había salido de jugar un partido de pádel a las 10. Pero de nosotros nadie se acostó a dormir porque estábamos esperando que nos llamen”, contaron Federico Failla y Jorge Kelly, dos de los bomberos voluntarios que junto a Maximiliano Luna fueron desde el cuartel de Gardey a la zona del Dique a apoyar el operativo que comandaron los jefes del Cuartel Central y el Cuartel de Villa Italia.
Al volver sobre el área en el que se enfrentaron a las llamas –ahí donde “las piedras estaban hirviendo”, según dijeron-, los brigadistas recordaron todos los detalles del operativo. Reconocieron las plantas que les dieron más pelea al momento de ser apagadas, los lugares donde encontraron cadáveres de animales –“había un pichoncito de zorro por acá”-, y las partes en las que se formaron cordones naturales que sirvieron de contención al fuego.
No era el primer incendio que debieron apagar. Son miembros fundadores del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Gardey y tienen experiencia con focos ígneos en zonas rurales y montes. Pero nunca les había tocado un fuego de tales dimensiones. Más de 20 hectáreas en plena sierra, con pocos senderos, piedras y muros de plantas espinosas que impedían el paso. Sin embargo, al momento de definir la sensación que tuvieron al llegar de noche y ver el paisaje encendido, no dudaron. “Miedo no, ganas”, aseguraron.
Una noche larga
“Ser bombero es buscar una ayuda a la comunidad, que de alguna forma podamos brindar una asistencia. Es esa búsqueda de solidaridad para poder dar una mano en momentos donde la gente lo necesita”, dijeron con respecto al impulso que los llevó no solo a convertirse en bomberos voluntarios sino a ser parte del grupo impulsor del Cuartel de Gardey, un establecimiento que no detuvo su crecimiento desde su fundación.
Más allá de la rutina de sus vidas –Federico es vendedor de productos de limpieza, Jorge trabaja en el Municipio-, ser bomberos voluntarios los obliga a estar siempre en alerta y pendientes cualquier llamado.
En casos en los que los cuarteles de Tandil se encuentran con mucha actividad, el cuartel de Gardey tiene a su cargo la guardia sobre la ruta 226 por posibles casos de accidentes. El lunes pasado, cuando se enteraron del fuego, lo primero que hicieron fue activar la protección vial. Pero también esperar el llamado que los convoque a la zona del Lago del Fuerte. “Todos queríamos estar acá”, señalaron, aunque fueron solo 3 los elegidos para movilizarse.
“Vinimos tres personas y un móvil de ataque, una camioneta 4x4 con un kit forestal de 600 litros. Llegamos y había un puesto de comando muy bien organizado, tanto por Diego Ibáñez del Cuartel Central como por Goicochea del Cuartel de Villa Italia. Ellos ya tenían delimitada la zona donde se había producido, y tenían al fuego contenido en un lugar específico. Nosotros subimos, trabajamos en sectores de plantas que estaban con brasas, para que no se propague”, relataron.
Junto al Cuartel de Vela organizaron grupos para recorrer –con mochilas de 25 litros de agua cada una-, un perímetro que de punta a punta tenía alrededor de mil metros. “El círculo era grande, y trabajamos desde casi las 2 hasta las 8 de la mañana”, precisaron.
En ese lapso lograron completar 3 vueltas, tratando de hacer durar cada gota de agua, eligiendo dónde y cómo usarla. “Ese día no pasa nada, pero te acordás a los 2 días”, aseguraron sobre los efectos de cargar la mochila a través de las sierras.
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“Para estar acá tenés que tener un poco de locura. Y esa locura es la adrenalina que te lleva”, agregaron. Frente al fuego, tuvieron el objetivo principal no solo de apoyar las tareas de circunscribir las llamas sino también priorizar todo lo recuperable, ya sea vegetación, fauna o viviendas.
Cuando llegaron los helicópteros, éstos pudieron ver que el fuego ya “echaba poco humo, tenía poca actividad”. La brisa del amanecer amagó con reavivar las llamas, pero los brigadistas accionaron a tiempo y no pasó de ahí. Con la situación controlada, cerca de las 8 volvieron de su última subida a las sierras.
De cara a una temporada para la que se esperan altas temperaturas, los bomberos siguen en alerta. Por lo que pueda ocurrir en las sierras, pero sobre todo en Gardey y la zona. “Un catalizador de un auto en viaje levanta 800 grados. Parás un segundo en la banquina y no te diste cuenta, pero si toca un pastito seco, se prende. Por eso tratamos de concientizar, prevenir antes que curar”, concluyeron.
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