Aquel lejano marzo del 2000...
Por: Rogelio Rotonda
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Terminaba la década del 90 y ya se avizoraba que los “medios únicos” no tendrían gran futuro.
Era el momento de ampliar el espectro.
Y comenzamos por sumar la página web e ingresar a un mundo que era tan fantástico como novedoso; luego anexamos el canal, más tarde la radio y finalmente el streaming.
Fue -sin embargo- Eco TV el primer gran paso hacia lo desconocido. Hasta entonces, todo era más “rígido”. Los nombres sumaron rostros, y las voces y opiniones ya no fueron solo de El Eco.
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Hasta entonces, la gente decía “lo publicó el diario”. A partir del 2000 , “lo contó tal periodista”.
Hubo que adaptarse, incorporar personal con experiencia -ya no en la palabra escrita- y salir al ruedo.
La época no pudo ser peor: en el año 2000 la Argentina vivía una crisis profunda, con deflación, poco trabajo, consumo reducido, sueldos congelados…
Y como dicen que es mejor hacer los grandes cambios en los peores momentos, construimos el edificio de cuatro pisos de dos mil metros cuadrados y dentro de él, el estudio de TV de mayores dimensiones del interior.
La inversión de entonces no fue comparable a la que hoy sería.
Todo era más costoso… y más grande.
Acaso sirva como recordatorio ver en YouTube una carrera de TC de décadas anteriores, cuando detrás de los periodistas había tres o cuatro personas llevando cables e impidiendo que se enredaran.
Hoy ya ni los cables son necesarios, las cámaras son de menor tamaño, se manejan remotamente y los drones pueden llegar a impensados sitios.
Todo ha cambiado. Y seguirá cambiando.
Lo bueno es no olvidar lo vivido.
Vale, pues, recordar esa frase que reza “Disfruta de la suavidad y del perfume de la rosa, pero nunca olvides los pinchazos de sus espinas”.
O tal vez otra, del autor de Chiquilladas: “Lindo haberlo vivido para poderlo contar”.
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