Salió a la venta un emblemático inmueble abandonado de la Ruta 3, en Cañuelas
Medios periodísticos de Cañuelas confirmaron que el histórico edificio de la empresa Finaco -conocido como “El Castillo”- acaba de salir a la venta a través de Remax, por un monto de 3,8 millones de dólares.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl inmueble, propiedad de Nilda Aquino Arzamendia, está ubicado en un punto estratégico entre la Ruta nacional 3 y la Ruta Nacional 205, cerca de la Ruta 6 y la autopista Ezeiza-Cañuelas. Para los automovilistas de paso, su imponente estructura con chimenea es como un faro que identifica a Cañuelas, informó el portal de esa ciudad Infocanuelas.com.
Según la publicación de la red Remax, el edificio se encuentra ubicado sobre un predio de 4.861 metros cuadrados, consta de cinco pisos con una superficie de 1804 metros cuadrados en planta baja, 1.498 metros cuadrados en primer piso, 1.219 metros cuadrados en el segundo, y 175 metros cuadrados en el tercero, cuarto y quinto.
La operación se encuentra a cargo de los corredores Martín Manías y Eric Merres, con el asesoramiento técnico de Ariel Morales. Este último habló con InfoCañuelas y confirmó la operación de venta iniciada hace pocos días.
“Es muy reciente y todavía no han aparecido candidatos. Es un edificio ubicado en zona comercial que por su ubicación puede tener cualquier destino. No sabemos si la estructura se podrá conservar, habría que hacer cateos para verificarlo, pero a simple vista está muy sólido”, dijo Morales.
El corredor agregó que en la propiedad hay un subsuelo de 600 metros cuadrados y que habría cinco subsuelos más, los que se encuentran inundados.
Símbolo rutero
De acuerdo al portal, la monumental construcción ubicada junto a las vías del ferrocarril fue inaugurada en 1932 por Gustavo Eugenio Artaux, industrial nacido en Francia el 30 de diciembre de 1886, especializado en elaboración de alimentos deshidratados.
En sus inicios, Finaco se concentró en la producción de leche y huevo en polvo, producto que se exportó en grandes cantidades hacia Irlanda e Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial, con destino a las tropas que combatían en el frente.
La planta, que llegó a contar con más de 400 empleados, tenía capacidad para procesar 80 mil litros diarios de leche y de 70 a 80 mil docenas de huevo.
Tras ser expropiada por el gobierno de Juan Domingo Perón, fue transferida a Imfasa, una firma nacional dedicada a la importación de películas fotográficas alemanas que se vendían fraccionadas bajo la marca Wena.
Se cree que el titular de Imfasa, Guillermo Woters, era testaferro del vicepresidente de Perón, Alberto Teissaire. En 1956 Woters fue impedido de operar por la llamada “Revolución Libertadora” hasta que en 1961 el presidente Arturo Frondizi le restituyó la planta.
En 1965 presentó quiebra, siendo rematada por el Juzgado Nacional en lo Civil y Comercial 3 de la ciudad de Buenos Aires en el marco de la causa “Banco Industrial de la República Argentina contra IMFASA s/ ejecución hipotecaria”. Las versiones aseguran que el edificio cayó en manos del empresario Jorge Antonio, aunque permaneció abandonado durante casi tres décadas.
En 1986 el inmueble fue adquirido por el empresario Néstor Corsi, en esos años propietario del salón “La Biela” de Ezeiza, donde exponía autos clásicos de la marca Ford y otros elementos vinculados a la industria automotriz.
La intención de Corsi, ligado al menemismo, era crear en Cañuelas el principal museo de autos clásicos de Sudamérica con exposición de distintos modelos y un parque de plantas tropicales. El proyecto, anunciado en 1989, se hallaba a cargo de “Napoleón SA”, una sociedad que figuraba a nombre de su esposa, Nilda Aquino Arzamendia.
En esa etapa se realizaron algunas obras menores como el recorte con almenas para darle el perfil característico de un castillo medieval, de donde surgió su actual denominación, pero el museo no prosperó por problemas familiares: Corsi y Aquino se separaron y el proyecto quedó definitivamente relegado. Pasaron varios años hasta que se transformó en un tenedor libre (todavía permanece en lo alto de su fachada el precio del plato, 3,50 pesos) y luego en una bailanta a cargo de Ricardo Magallán.
Debes iniciar sesión para poder comentar
INICIAR SESIÓN¿No tenés cuenta? Registrate aquí