Poner en palabras historias ajenas es un verdadero desafío. Despertar en otros la confianza suficiente para luego comunicar con precisión, ensayando el fino equilibrio entre la cruda realidad y lo perdurable de lo escrito, publicado y -ahora- viral. En ese viaje, mi relato del reencuentro de los hijos de Teresita “la Globera”.