Mortero, el perro civil que acompañó en las Islas Malvinas
El veterano de guerra de Malvinas Héctor Murúa y el veterinario Daniel Sappía estuvieron presentes en El Eco Multimedios y contaron una imperdible historia sobre la mascota que tuvieron durante su estadía en las Islas.
Héctor Murúa y Daniel Sappía estuvieron en Eco TV e hicieron un recorrido por los días de Mortero, un perro “callejero” perteneciente al cabo Víctor Alberto Funes que los acompañó durante la Guerra ocurrida en 1982.
Sobre la vida de los perros, el veterinario reseñó que “el perro se acercó hace cientos de años a la civilización, por los restos de comida. Pero siempre estuvieron, en muchas circunstancias de la vida. Como compañía o defensa, las funciones que les otorgaban sus amos. Luego fue entrando en la vida del ser humano y dejó de ser un animal para transformarse en un ser vivo con sentimientos, afectos y capacidades. No sabe expresarlas verbalmente como las personas, pero los tiene”.
Particularmente sobre la situación de animales durante la guerra, el veterano contó que fueron 18 perros militares con la Infantería Marina desde Argentina, entrenados para diferentes actividades dentro de la Fuerza, como la búsqueda de explosivos.
Además de estos, se sumaron dos perros civiles: Tom, que había ido con la artillería de Junín y perdió su vida en medio de la batalla, y Mortero, la mascota del Regimiento de Infantería 8 de Comodoro Rivadavia.
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Accedé a las últimas noticias desde tu email“Su dueño era el cabo Funes, que cuando intentábamos localizarlo a él, siempre nos encontrábamos primero con su perro”, contó y agregaba que “lo había adoptado antes de Malvinas y desde hace un tiempo vivía con él”.
En cuanto al ingreso del histórico Mortero, al cual Murúa definió, entre risas, como “cruza entre ovejero alemán y cordón cuneta”, comentó que sucedió el mismo 2 de abril por la mañana, cuando el perro viajó “colado” en un vehículo al aeropuerto y una vez comenzado el vuelo apareció “con su simpático hocico”. El resto del viaje fue casi obligatorio: “Llegamos a Malvinas y tenía que seguir el traslado, así que viajó en barco, helicóptero y en todos los medios de transporte que existían en aquel momento”, agregó el excombatiente.
Ya en tierras de batalla, la importancia de Mortero fue creciendo en los aspectos emocionales de los soldados y en los no tanto. “Cuando salíamos a las patrulladas, que duraban entre cinco y diez días en los que había viento, humedad y hacía frío, él iba con nosotros. Siempre se acurrucaba con alguno en los pozos y en las mantas”, recordó Murúa, pero también resaltó su función de guardián, ya que era “una alarma de los ataques aéreos porque se paraba en una piedra y aullaba”.