Dos miradas sobre la maternidad que ponen el foco en el deseo y la libertad para romper con los mandatos
En el Día de la Madre, dos mujeres aportaron sus puntos de vista sobre esta compleja tarea y echaron luz sobre la maternidad como elección y no como destino.
En los últimos años, no caben dudas de que la maternidad ha sido puesta en tela de juicio. Es que lo que antes era un mandato incuestionable, hoy es sólo una de las infinitas posibilidades que aparecen en la vida adulta. Pero pese a los avances y cambios de paradigma, todavía pareciera sostenerse un dedo acusador sobre quienes deciden no ser madres o acerca de la forma de criar a sus hijos de quienes sí eligen tenerlos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl Eco de Tandil conversó con dos mujeres que compartieron sus pareceres en torno a la elección de maternar, siendo conscientes de que el gran motor debe ser siempre una elección libre, sin el condicionamiento que el medio y la sociedad imponen. Quizás así se haga camino al andar. Un camino más amable para todas las mujeres que sostienen el mundo bajo el peso de siglos de mandatos y estereotipos. Con el amor y el deseo renovándose a cada paso con la fuerza de mil primaveras.
La maternidad como elección y disfrute
Ángeles Giaconi tiene 36 años, es licenciada en Comunicación y community manager, y es mamá de Cruz, de 3 años, y de Salvador, de 10 meses. Ella contó su experiencia como parte de este grupo familiar que se completa con José, su compañero de vida y padre de sus hijos.
-¿Cómo se gestó tu deseo de ser madre?
-La realidad es que nunca tuve deseo de ser madre, siempre fui de esas personas que tenía poca onda con los chicos. No me interesaba. Después de los 30 dijimos ‘vamos a empezar’ a buscar y se hizo más largo de lo previsto, pero no lo viví como un problema porque si venía estaba bien, pero tampoco me quitaba el sueño. Una vez que quedé embarazada y más cuando nació Cruz, conocí el verdadero amor. Cuando nació entendí eso que siempre dicen que te cambian las prioridades, realmente es así, conocí la verdadera incondicionalidad hacia otra persona, que en un primer momento depende pura y exclusivamente de vos, más si una amamanta y tiene el deseo de dar la teta. De hecho, una de las cosas que más me gusta es dar la teta. La verdad es que no me arrepentí ni un segundo de haber decidido ser madre.
-¿Cómo compatibilizás crianza y trabajo en una sociedad que pareciera no estar preparada para eso?
-Prácticamente siempre trabajé free-lance (desde su casa). Cuando quedé embarazada por primera vez trabajaba así y ya estaba acostumbrada a llevar mi vida personal y laboral de una forma muy tranquila. Cuando nació Cruz, lo que a toda mujer le cuesta mucho, que es volver a trabajar a los tres meses, a mí no me pasó, no tuve esa urgencia de volver enseguida, me tomé mucho más tiempo. Pero cuando quise volver fue un caos. No podía compatibilizar mi mundo laboral con la maternidad. Y en un momento, como no teníamos niñera, porque era cambiar plata, definí dedicarme de lleno a mi hijo, pero fue muy difícil.
Era muy independiente y me manejaba mis tiempos a mi gusto, y de repente me dediqué ciento por ciento a mi bebé. No soy de esas esas mujeres que relegan toda su vida por ellos. Considero que lo mejor que una puede hacer es seguir su vida y ser madre, combinar ambas cosas, aunque fue difícil esa etapa.
Después, cuando logré tener mi independencia y escolarizamos a Cruz, empezamos a buscar a Salvador, que llegó rápido. No es lo mismo ser madre de un segundo hijo, todo es más relajado y natural, uno ya es distinto y eso hizo la vuelta al trabajo más fácil.
-¿Hay un lado B de la maternidad que cuesta visibilizar?
-Hay un lado B que cuesta evidenciar. Lo que cuentan algunas psicólogas, los libros o las cuentas de Instagram es muy difícil seguirlo. Cuando un bebé nace depende de la madre y los primeros meses, si amamantás, se hace difícil unir las dos cosas.
El primer tiempo la madre se olvida de ella como mujer, está todo el día al servicio de los chicos y no hay tiempo de nada, una pasa a un segundo plano. Si no hay ayuda externa todo es mucho más complejo. Hay muchas demandas de la sociedad que no comprende la maternidad y no contempla que hay cosas que no se pueden en determinados momentos de los chicos.
-¿Creés que aún existe mucho de mandato social en el hecho de tener hijos?
-Sí, hay mucho mandato todavía. Ni hablar en las generaciones de nuestras madres y abuelas que no entienden cómo alguien puede no querer tener hijos. No sólo eso, sino que si tenés un hijo ‘cómo lo vas a dejar solo’ y ‘cuándo vas a tener otro’. En nuestro caso elegimos tener dos hijos como un acto de amor, lo vivimos así con Salvador porque ambos tenemos hermanos, somos familias grandes y nos gustaba la idea de que Cruz tuviera un hermano, pero lo pensamos varias veces. Cuando crecen y ves como interactúan es buenísimo, pero tenés que vivir todo el proceso.
Me llama mucho la atención que en gente de mi generación también pasa eso de cuestionar. Somos un grupo de diez amigas de la misma edad, sólo cuatro somos madres, las demás ni siquiera hablan de la maternidad a corto plazo porque tienen otras prioridades y eso no quiere decir que no lo sean el día de mañana, pero no lo hablan hoy. Y muchas personas no lo entienden, y empiezan a decir ‘cómo vas a dejar pasar el tiempo, cómo puede ser que no seas madre’. Esos consejos que no suman nada. Otras generaciones tienen otra estructura mental, pero hay personas de mi edad que ven como una cosa loca que una mujer diga que no quiere ser madre. La gente no se banca que alguien diga eso.
Una nueva mirada es posible
Gisela Giamberardino es doctora en Ciencias Sociales, docente e investigadora universitaria, y titular del Programa de Género de la Unicen. Desde su lugar, compartió algunas reflexiones sobre el tema, uno de los tantos que copan la agenda feminista desde hace años. Con su mirada teórica y disruptiva, evaluó la construcción de los paradigmas de la maternidad en una sociedad que aún se apega al binomio mujer/madre y no reconoce la realidad de las mujeres trabajadoras y sus aportes al sistema reproductivo que sostiene todas las demás actividades.
-¿Qué aportes hizo el feminismo para poner en crisis siglos de mandatos de maternidad y procreación?
-En principio, todo lo que digo lo enmarco en la idea de que lo personal es político y por eso intenta más ilustrar algunas ideas sobre las maternidades, que describir trayectos personales.
Las trayectorias subjetivas, las historias de cada una, se van diseñando en base a continuidades con las primeras formas de sociabilidad que forman parte de nuestro entorno, por ejemplo, los modelos de familia.
Pero también en base a cercanías con experiencias o discursos que discuten o reaccionan a esos modelos.
Esto resume un poco la noción de por qué para algunas personas (mujeres cis sexuales o varones trans) la idea de maternar es irrenunciable o es en sí la felicidad buscada. Para otras un proyecto que puede darse sólo en algunas condiciones o con una única persona como partner. Para otras puede ser una fantasía que les acompaña desde chicas, y para otras puede volverse una condición no deseada.
Los feminismos han dado luz sobre todo aquello que se entendía (y hay gente que así lo sigue entendiendo) como ‘natural’, como dado, como exento de críticas y reflexiones. Aquello que Elsa Dorlin denomina saber feminista refiere justamente a todo un trabajo histórico, efectuado por múltiples disciplinas, un trabajo de cuestionamiento.
Todas estas aristas conforman el horizonte de la cotidianidad necesario para la vida, pero han quedado invisibilizadas, muchas veces al resguardo de lo que el sentido común propone cuando sostiene que no hay que meterse (ni una amiga, ni el Estado), con lo que pasa ‘de las puertas para adentro’.
-¿Qué desafíos enfrentan aquellas mujeres que sí deciden tener hijos en un sistema que no reconoce a las mujeres trabajadoras como corresponde ni tampoco el trabajo reproductivo?
-La maternidad puede leerse como todas las instituciones sociales, en el marco de los roles y expectativas de género, propios del heterocispatriarcado. Pensando en esos términos, el género se revela fácilmente como un organizador social que como tal, ha impuesto la idea del varón que conquista el mundo público y la mujer que se siente cómoda, disfruta y sabe hacer bien todo lo que contiene ese mundo privado cargado de cansancios, responsabilidades y por supuesto gratis.
-¿Cómo opera el mandato en la construcción del deseo?
-La posibilidad de construir el deseo (de maternar o de no hacerlo) no fue siempre posible. Hoy es posible, en el marco de avances de las ciencias médicas como la inseminación artifical, tratamientos de fertilidad, los métodos anticonceptivos o la interrupción de un embarazo. En esta ampliación de posibilidades juegan además un rol central las leyes, que en la actualidad legalizan o penalizan estas prácticas.
Reconocer que la maternidad no es destino implica entender que ser mamá es un rol y no una esencia ligada a lo femenino. Que hay muchos modos de ser madre y que, por supuesto, una maternidad deseada aporta a prefigurar infancias felices.