La odisea de los que quedaron varados lejos de casa
A poco de entrar en vigencia las restricciones en la circulación impuestas por los gobiernos nacional, provincial y municipal, e incluso a nivel internacional, comenzaron a hacerse públicos decenas de casos de tandilenses que quedaron “varados” en alguna parte del país o del mundo.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailUna de las primeras situaciones en conocerse fue la de cuatro trabajadores de la industria del software, que viajaron de vacaciones a México el 26 de marzo y a casi un mes, no podian regresar.
Edison Vidal, Luis María Coussirat, Matías Ricotta Elizalde y Nicolás Gerván transitaron la cuarentena en tierra azteca, con total incertidumbre y sin señales de cuándo podrían tomar un vuelo de repatriación.
Los cuatro jóvenes, graduados de la Facultad de Exactas de la Unicen, viven y trabajan en Tandil. En noviembre del año pasado, planificaron sus vacaciones y adquirieron los pasajes para una travesía que terminó de la peor manera como consecuencia de la pandemia.
Con el correr de los días se conocían otros casos, como el de Julieta Sánchez Petovello (22) y su novio Manuel Pena (24). Los jóvenes ahorraron y programaron durante un año su viaje de un mes por Europa que concretaron a inicios de marzo. La crisis los sorprendió en Lisboa, con poco dinero y encerrados en un departamento a miles de kilómetros de su hogar.
A Marina Pereyra y a su esposo Lucas Martinoff el aislamiento los encontró en plena luna de miel, en Colorado (EEUU). Los recién casados habían viajado a Norteamérica. De inmediato se pusieron en contacto con el consulado argentino y entraron en una lista de emergencia para ser repatriados. Sin embargo, los tiempos se fueron dilatando. Y con ellos, la desesperación por retornar a su lugar.
En Denver, Colorado, Marina Pereyra y su esposo Lucas Martinoff debieron esperar un vuelo para ser repatriados.
Al igual que los cuatro trabajadores del software, México también fue el “destino obligado” de permanencia para Delfina Grasso, de 20 años. Su espíritu entusiasta y sus ganas de abrirse paso al mundo la llevaron a emprender un viaje que comenzó el 9 de diciembre y que debía finalizar el 20 de marzo pasado. La pandemia la encontró en la casa de una amiga en Baja California.
A mediados de abril, mientras en Tandil se conocía el tercer caso de contagio, llegaban noticias de Elvis Rodríguez Palomino, su esposa Laura García Amuchategi y a sus hijos Antonio y Thiago Rodríguez García. Habían viajado a Perú con la idea de que la familia pudiera conocer sus raíces.
En noviembre del año pasado, habían comprado los cuatro boletos de avión y el 6 de marzo emprendieron viaje hacia el país que el hombre había dejado 27 años atrás. El avance del coronavirus modificó los planes y el cierre de fronteras los puso en una situación angustiante.
A principios de mayo, los casos de otros varados llegaban esta vez del otro lado del Atlántico. Agustín Merello, de 24 años, y su novia Manuela Saravia, estaban en Madrid, España. Con su vuelo de regreso cancelado, no pudieron conseguir nuevos pasajes.
Agustín Merello y Manuela Saravia, felices en París. Luego llegarían los días de angustia y encierro obligado en Madrid.
“Estamos acá en Madrid, por suerte muy bien, pero esperando impacientes, queriendo volver a casa”, relató Merello en una comunicación que mantuvo mediante videollamada con el programa Tandil Despierta. La esperanza de él, como la de tantos otros tandilenses en el mundo, estaba depositadas en las gestiones encabezadas por el canciller Felipe Solá y los vuelos de repatriación.
Hacia julio, y ya con cuatro meses de restricciones, varios de los tandilenses que estaban en el extranjero habían podido regresar a su hogar. Otros, en tanto, continuaban varados.
Tal el caso de Tomás Erviti, de 29 años, que desde hacía cuatro meses se encontraba en un pueblo de 1.400 habitantes en Georgia. Con un pequeño gato como única compañía, Tomás aguardaba por un vuelo de repatriación como el que consiguió su compañera de viaje Goizane, quien logró retornar a España, su país de origen. Mientras tanto, evaluaba proyectos para poder solventar su estadía.
Pero no todos fueron casos de tandilenses varados en distintas partes del mundo. También los servicios de mudanzas se vieron paralizados por la pandemia. Recién comenzaron a funcionar hacia fines de mayo y desde Mudanzas El Portugués aseguraban que 23 familias estaban a la espera de radicarse a la ciudad.
Walter Adolfo Silva, titular de la empresa, contó que realizar el servicio era una verdadera odisea, ya que en la ruta, cada distrito tenía sus propios protocolos para la circulación. “En Buenos Aires por ahora no hay problemas, pero sí en Saladillo por ejemplo, llegás y te acompaña la policía hasta el lugar donde vas, cargás y te acompaña hasta que salís. No te deja parar en ningún lado, no podés comprar nada, sólo te podes bajar para la mudanza. En Benito Juárez sucede lo mismo”, relataba en diálogo con este Diario.
Walter Silva, “El Portugués”, contó como fueron los servicios de mudanza para las familias que pretendían radicarse en Tandil en plena cuarentena.