Policiales

Ciclistas fueron amenazadas con un arma en cercanías al Campus Universitario

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El viernes 7 a las 16 horas, Paula Vélez regresaba en bicicleta de entrenar con una compañera por caminos rurales, cuando fue abordada por dos jóvenes en moto que la apuntaron con un revólver.

Transitaban por la calle Arroyo Seco, desde la calle Los Ceibos hacia Los Ombúes, en dirección hacia el Campus Universitario, cuando, junto a Claudia López, vieron una moto que se acercaba hacia ellas en dirección contraria. Las deportistas creyeron que se trataba de un vehículo más que transitaba por la calle de tierra, cuando, a la altura del edificio de las residencias universitarias, uno de los jóvenes se bajó de la moto y apuntó a Paula con un revólver.

Las mujeres describieron que se trataba de dos jóvenes que llevaban ropa oscura y pañuelos que envolvían sus caras, dejando a la vista sólo los ojos, y que se trasladaban en una motocicleta marca Gillera, modelo Smash, en malas condiciones. Vélez relata que, en principio no desconfiaron de los muchachos, hasta que, a medida que se acercaban se dieron cuenta de que uno de los pasajeros del vehículo tenía intensiones de tirarse en su dirección y abordarlas.

En el momento en que ello sucedió, ambas gritaron con todas sus fuerzas para pedir auxilio: “¡Nos roban! ¡Ayuda!”. Inmediatamente, el joven la apuntó con un arma, se bajó el pañuelo y le hizo un ademán con el dedo índice para que haga silencio.

Ante los gritos que no cesaban, el hombre armado saltó encima de la moto que lo esperaba y, junto al chofer, huyeron. Afortunadamente, el llamado de auxilio los desalentó y las mujeres no resultaron heridas ni les fue arrebatada ninguna pertenencia. Inmediatamente, dos albañiles se acercaron para auxiliarlas y recuperarse de la situación vivida, a quienes agradeció inmensamente. “Yo creo que zafamos porque empezamos a gritar”, estimó, pero las imágenes del arma apuntándola permanecen en su memoria: “Estoy asustadísima”.

Desconocen cuál fue la intención de las personas que las intimidaron, ya que no pudieron lograr su supuesto cometido. Sin embargo, la desesperación que vivieron se refleja en su relato. “Nunca pensé en la vida que podía pasar algo así”, lamentó. Paula explica que los gritos fueron automáticos y que, los nervios vividos en ese momento causaron que ciertos detalles se le olvidaran. “Gritábamos tanto… Estábamos en estado de shock”, dice.

“Lo triste de todo esto es que no lo vamos a poder hacer más solas”, comentó consternada, quien mencionó que siempre son tres los que conforman el grupo de entrenamiento semanal por distintos caminos rurales, pero que en esta oportunidad el tercer integrante no las acompañó porque debía descansar para otra carrera que enfrentaría el fin de semana.

Luego de llegar a su casa se comunicó con el servicio de emergencias al 101, donde le recomendaron que, en caso de que vuelva a reiterarse esta situación llame de inmediato. Asimismo, le aconsejaron que cada vez que salga a entrenar por aquella zona notifique a la comisaría Tercera, para que patrulle el área y esté pendiente de los deportistas que anden por allí. Sin embargo, a pesar de agradecer la buena disposición del servicio, la ciclista se mostró triste por tener que tomar dichas medidas para andar en bicicleta y no continuar haciéndolo con tranquilidad, como lo hacía hasta el momento: “No puede ser que tengamos que dejar de hacer lo que nos gusta por esto”.

En este sentido, señaló que el tránsito por la ciudad es muy peligroso para los ciclistas a causa del tránsito, por lo que transitar las afueras de la ciudad es la opción más escogida. Aunque asegura que los casos de inseguridad en los que muchos deportistas han sido víctimas, son más frecuentes de lo que se conoce, y comentó: “Hay compañeras que llevan gas pimienta”.

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El Eco de Tandil

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