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Los papás de Ayelén Rolando declararon en la primera audiencia de debate en Azul

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Ayer, en la sede judicial de Azul, bajo la órbita del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil, comenzó el juicio por el crimen de Ayelén Rolando, por el cual llega como único imputado su propio hermano, por aquel entonces menor de edad, acusado de “Homicidio simple” y, subsidiariamente, “Encubrimiento”.

Tal se adelantó, el tribunal fue presidido por el juez de Azul Luis Surget, a quien lo acompaña los pares de Necochea y de Dolores, mientras que el Ministerio Público Fiscal está a cargo de la doctora María de los Angeles Marsiglio, en tanto que Ariel Pellegrino se presenta como defensor particular del acusado y Santiago Romay y Noelia Domenighini resultan los particulares damnificados, en representación del padre y la madre, respectivamente.

Los padres de la víctima y victimario fueron los primeros testigos en prestar declaración frente al Tribunal, para que luego pudieran estar presentes a lo largo de las cuatro jornadas previstas (hasta el jueves) para el juicio.

De lo que trascendió de sus exposiciones y conocidas las posturas antagónicas que ambos tienen para con la responsabilidad de su hijo (la madre lo acusa del crimen, el padre lo cree inocente), ambos fueron indagados sobre cómo era el vínculo entre todos los integrantes de la familia y, puntualmente se abocaron a responder sobre la personalidad, el carácter de quien en definitiva está en el centro de las miradas judiciales, su propio hijo.

El padre, claro está, mantuvo su hipótesis que saca de la escena del homicidio a su hijo. Insistió en sus sospechas sobre los ritos umbanda que practicaba su exmujer con su entorno. De hecho, hoy está citado a declarar el hombre señalado por practicar estos rituales espiritistas junto a su esposa, entre otros testigos convocados.

Más tarde, pasaron por la sala los vecinos de la casa donde ocurrió el homicidio, aquellos que recibieron el llamado de auxilio una vez “alertados” sobre el cuerpo sin vida de Ayelén tendido en el suelo de la propiedad.

Luego fue el turno de aquellos uniformados que acudieron primeramente a la escena del crimen, como también el personal de Policía Científica que ingresó a la casa y comenzó con las dirigencias en pos de identificar rastros, huellas, más el secuestro de aquellos elementos compatibles para los respectivos cotejos.

También la extensa jornada de la primera audiencia (comenzó a las 8 y se cerró pasadas las 20.30) se escuchó al médico policial que practicó la autopsia del cuerpo de Ayelén, reproduciendo ante los jueces los detalles, los signos que advirtió sobre las causales del deceso.

Como se detalló en la edición pasada, a lo largo del juicio se aguarda el comparendo de unos 40 testigos, aproximadamente, de los cuales ya ayer las partes acordaron incorporación por lectura de algunos.

Para hoy, como se indicó, se aguarda el comparendo del presentado como pai umbanda y su esposa, allegados a la madre de Ayelén y su hermano acusado. También se escuchará a los amigos y compañeros de la víctima como del victimario que en su momento expusieron en el expediente judicial lo que sabían sobre la relación de los hermanos, y las personalidades de ambos.

Más tarde se pautó por los peritos que intervinieron a lo largo de la instrucción penal preparatoria, desde los psicólogos a los peritos químicos y de rastros que aportaron sus conocimientos en el análisis de los materiales oportunamente secuestrados en la escena del crimen.

Los lineamientos de las partes

Dentro del hermetismo que impera en la sala de debate azuleño (se trata de un juicio oral pero no público al estar involucrado quien era menor de edad), se pudo confirmar que en el preámbulo del juicio iniciado la fiscal Marsiglio replicó los lineamientos acusatorios que llevó a la imputación del joven primero y el pedido de elevación a juicio después, confirmado por el Juzgado de Garantías.

Para el ministerio público fiscal, el 21 de agosto de 2014, aproximadamente a las 20.22 y las 21.15, el joven señalado con la “unívoca intención de matar a su hermana irrumpió en el interior del único baño del domicilio de calle Brandsen 320, donde se encontraba Ayelén, que fue sorprendida desde atrás por el menor quien, utilizando un elemento estrangulante con ambas manos de manera intempestiva, lo colocó sobre el cuello de la niña e inmediatamente ejerció presión constrictora del elemento con fuerza hacia el cuerpo, generando de esta forma una maniobra de estrangulación homicida que produjo la asfixia mecánica, causándole la muerte a la víctima por paro cardiorrespiratorio traumático”.

La letrada Noelia Domenighini, en representación de la mamá de Ayelén, coincidió en los postulados de la fiscal y adhirió a la acusación.

Respecto a lo que planteó la defensa, el doctor Ariel Pellegrino, ratificó su postura de que el joven señalado es inocente y para ello subrayaría sobre el escaso caudal probatorio para sindicarle semejante hecho. El abogado ya a lo largo de la instrucción planteó reparos varios que hacen a lo que se plasmó en la causa, solicitando consecuentemente la nulidad del proceso. Principalmente uno de los cuestionamientos más relevantes que se explayará versa sobre las conclusiones del último peritaje (en la soga que habría utilizado el autor del crimen) que no se condicen con lo que habían analizado otros peritos.

Como se informó, reviste una particular mirada el rol emprendido por el doctor Santiago Romay como particular damnificado en representación de los intereses del padre, siendo que contrariamente a los postulados de la fiscalía como de la otra colega que representa a la madre, infiere a que el joven acusado es inocente, que el o los responsables del asesinato resultan otras personas que no están presentes en la sala de debate ni nunca fueron imputados ni investigados en el extenso expediente.

Cabe consignar que dichos reparos fueron evacuados a lo largo de la instrucción penal preparatoria, y al decir del ministerio público nunca hubo indicio alguno que permitiera avanzar en ese sentido, por ello las sospechas y la consiguiente imputación devino en el joven, por quien se acreditó que fue el único que estuvo en la casa al momento de ocurrido el homicidio.

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