Policiales

El hostigamiento recurrente de la víctima pero sin denuncia formal

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Respecto al pasado del apresado y su relación con la víctima, los investigadores rápidamente esclarecieron que el detenido no contaba con antecedentes penales ni tenía ninguna denuncia en su contra en el marco de la violencia de género. Se confió sobre el asunto que ni en la sede judicial ni en la Comisaría de la Mujer había registros sobre esta relación que, sin embargo, luego se supo que era tortuosa y silenciosa, al menos en los expedientes judiciales.

A saber, de lo recogido por quien era su actual pareja, el policía, como familiares de la joven, aludieron que ella comentaba sobre el hostigamiento que sufría casi a diario de parte de Gómez. Mensajes de texto al celular, acercamientos a la casa, observando lo que ella hacía, formaban parte del acecho que, a pesar del consejo de los allegados para que lo denunciara, ella nunca lo hizo efectivo.

No hubo golpes, pero sí una manipulación y acoso insoportable que Ailín prefería sortear sin llegar a que se diera intervención a los poderes del Estado. De hecho, se contó como botón de muestra que de tanto en tanto ella tenía que cerrar las cortinas de las ventanas de su departamento porque su ex se quedaba observando desde afuera, en una clara señal de intimidación. De allí, entonces, la tipificación del homicidio que le endilga el fiscal, se habla en el expediente contundentemente de violencia de género.

 

Cabos sueltos

Si bien la instrucción penal preparatoria tendrá su continuidad en la recolección de más elementos de prueba y el comparendo de testimonios, los investigadores ayer se toparon con dos interrogantes colaterales al trágico suceso que merecerán formar parte del expediente o simplemente formará parte del anecdotario de la historia criminal.

Persisten las dudas sobre cómo el homicida estaba dentro del departamento, ya que la puerta de ingreso no evidenciaba ningún daño ni forzamiento.

Una de las hipótesis es que el asesino haya ingresado por una pequeña ventana del baño que estaba abierta y que pudo haber accedido por una escalera contigua que da a un patio interno, de fácil ingreso.

La otra posibilidad es que el homicida tuviera una copia de la llave de la puerta de ingreso ya que apenas unos meses atrás, ante el insistente reclamo de la joven, éste le devolvió un manojo de llaves de la propiedad.

El otro interrogante versó sobre el rol asumido por la actual pareja de la víctima, quien al advertir del riesgo que corría la joven reducida por el violento accionar de su expareja, no atinó a intervenir más allá de exclamarle que la soltara, para luego salir de la escena en busca de su arma reglamentaria que tenía en su casa, a una cuadra del suceso. Cuando regresó, no sin antes previamente llamar a sus colegas policías, la joven yacía tendida en el baño.

Cabe consignar que su actitud no merecerá ningún reproche penal, pero el aditamento que se trata de un policía y su singular accionar despertó la curiosidad de sus propios colegas.

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El Eco de Tandil

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