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El femicidio de Pollak, crónica de una muerte anunciada

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Ayer dio inicio al debate oral y público que definirá el futuro procesal de Martín Zárate, acusado de matar de un balazo a quien era su exmujer, Fanny Pollak, delante de sus pequeños hijos y demás familiares, en una casa del barrio La Movediza.

En un contexto de violencia de género, tras propinarle una golpiza en plena calle, solo abortada por la intervención del hermano de la víctima, el imputado terminó con el peor de los finales: la joven madre asesinada de un escopetazo por la espalda en el umbral de la puerta de la casa, cuando intentaba zafar del asedio de aquel hombre con el que había compartido 15 años de su vida, cuatro hijos, y un sinfín de golpes, amenazas que solo cesaron con la muerte.

El sensible, aterrador aditamento, estuvo signado por la presencia de los propios hijos y sobrinos de la pareja en el luctuoso suceso. Menores que iban de los tres a los catorce años presenciaron con toda la crudeza hasta donde es capaz de llegar la violencia, la enfermedad de un sujeto que no podía concebir la vida sin aquella mujer. Y entonces la mató.

La versión del imputado sería -es- otra. Sostuvo en la instrucción, y lo mantendría hasta hoy en el juicio, que no tuvo intención homicida, que el disparo se le escapó en medio de un presunto forcejeo con su cuñado. Hipótesis contrarrestada por otros testimonios varios, entuerto que, en definitiva, será lo único que queda por develar a la hora de endilgar la calificación penal que Zárate recibirá.

Lo demás, testimonios, pruebas, aportes específicos que ilustraron el contexto de violencia que padecía Pollak, por momentos naturalizado incluso entre su entorno y ella misma que, cuando quiso decir basta se topó con los puños y puntapiés primero, y el disparo de muerte después.

Por ello, lo principal de ayer por la mañana pasó por ver declarar frente al TOC 1 (integrado por los doctores Gustavo Echeverría, Pablo Galli y Guillermo Arecha) los testigos presenciales de aquella fatídica noche.
Sería una de las hijas de la pareja, una sobrina y el hermano de Fanny y su cuñada los que con un desgarrador relato contaron, como pudieron, lo que ellos vieron: cómo Zárate le apoyó la boca del caño de la escopeta en la espalda, debajo de los brazos de uno de los nenes de tres años que abrazaba a esa madre desesperaba que buscaba escaparse de las agresiones, refugiarse en la casa de su hermano y no pudo. El impacto de bala la haría desvanecer en el umbral de la puerta y quedar tendida en el piso hasta morir.

Testigos del horror

Con los cuidados acordes a la edad de las testigos, se acomodó la sala de audiencia para que con la ausencia del imputado declarase una de las hijas de la pareja. La niña de 12 años acompañada por el asesor de menores ingresó al recinto y se sentó en la silla en una mesa donde aguardaban cinco adustos hombres de traje. Los tres magistrados, el fiscal Gustavo Morey y el defensor Diego Araujo, quienes con un tono afable e intentando que la niña transitara el incómodo momento lo más relajada posible, la llevaron en el tiempo para que recordara lo que aquella noche presenció, cuando papá mató a mamá.

Con los nervios propios de las circunstancias, pero con una locuacidad determinante, la niña pudo reproducir la trágica escena, desde cuando el papá la golpeaba a su madre en la calle; cuando se metió su tío para frenar la agresión y cuando su mamá la subió junto a sus dos hermanitos en la moto hasta llegar a la puerta de la casa de los tíos, momentos en que ella cayó del rodado y desde el piso fue como que la vista se le nubló. Escuchó la detonación y luego a su mamá tendida en el piso, sangrando. Su papá yéndose en el auto, con rumbo conocido.

“Mi mamá no lo quería más, pero él no lo entendía”, fue alguna de las frases que soltó la niña al procurar graficar la tortuosa relación de sus padres, quien independientemente de lo que padecieron, no dejó de reconocer que quería mucho a su papá. Lo propio reconocerían otros testigos más luego, acerca de que era un buen padre.

La sobrina de la pareja, de 15 años, también tendría la desgracia de ser testigo directo del fatal incidente. Ella fue quien vio de frente, desde su casa, las agresiones primero y cuando su tía Fanny quiso ingresar a la casa con la moto y los chicos. Ella tomó del manubrio el ciclomotor tratando de ayudar a ingresar el rodado junto a su tía desesperada. Ella sí vio con precisión cuando su tío le apoyó la escopeta por la espalda y le disparó a su tía.
La joven confió que su tía era muy confidente con ella, que se contaban todo, y que a propósito de la mala relación con Zárate, ella sabía por boca de Fanny que la quería matar, porque si no iba a estar con él, no iba a estar con nadie…

Los cuñados

María Soledad Rodríguez, cuñada de la pareja, fue una de las indeseadas protagonistas de los trágicos hechos. También ella estaba en la casa cuando Fanny se trató de escapar y fue interceptada por Zárate cuando “golpeaba como si fuera un animal”, para luego recordar la escena de la huida en moto hasta llegar a la puerta de su casa y ver, mientras ella tenía a upa a tres criaturas, que aún no logra descifrar quiénes eran (si sus hijos o sus sobrinos), cuando Zárate le disparó.

La testigo recordó también un episodio anterior, cuando 15 días atrás el imputado la había sacado de los pelos de su propia casa, donde Fanny cenaba prácticamente todas las noches, y portando una daga incluso intentó agredir a su esposo, quien otra vez intentaba intervenir para que no agrediera más a su hermana.

A su turno, Mario Miguel Pollak contaría su versión de los sucesos que lo tuvieron también en el centro de las violentas escenas. Contó cuando intervino para sacar a su hermana de la furia de quien hasta esos días había sido su amigo, además de cuñado.

Coincidente en los relatos anteriores, el hermano de la víctima replicaría casi de forma idéntica el suceso primero, cuando se metió a sacar a su hermana de los golpes de Zárate, y cuando éste le disparó en la puerta de su casa a Fanny, pero descartando un forcejeo, como lo había descripto el acusado. Sí reconoció un forcejeo previo (en la anterior pelea) y posterior al disparo, hasta que se subió al auto y se fugó.

Tras los conmovedores testimonios que reseñaron a pie juntillas aquellas horas de horror, pasaría frente al Tribunal el perito balístico que brindó precisiones sobre el arma homicida y las posibilidades de que se haya gatillado de forma casual, como propuso en su versión el acusado; para terminar la primera audiencia con el comparendo del primo de Zárate, con quien huyeron hacia Juárez, donde finalmente serían capturados, no sin antes una persecución con disparos incluidos.

El jueves se reanudará el debate, con más testigos y ya estipulando la posibilidad de los alegatos, en los cuales el fiscal ratificará la acusación llevada al juicio y pedirá condena (alta de acuerdo a la calificación legal planteada), mientras que la defensa pugnará por persuadir a los jueces de que el imputado no quiso matar. u

El caso ventilado

Como oportunamente se informó sobre el femicidio, Zárate quedó apresado por el homicidio de su pareja Mirta Fanny Pollak, en un contexto de violencia de género, ocurrida entre los últimos minutos del 8 de abril y los primeros minutos del 9 de abril de 2015, cuando Zárate persiguió a su expareja Pollak (con la que mantuvo una relación de concubinato por espacio de quince años, aproximadamente, unión de la cual nacieron cuatro hijos) hasta el domicilio de calle Paseo de los Niños 2072, lugar de residencia de Mario Miguel Pollak, donde Zárate al alcanzar a su expareja y valiéndose de una posición de dominio, la atacó aplicándole golpes de puño y puntapiés en distintas partes del cuerpo, mientras anunciaba que la mataría, los que cesaron con motivo de la intervención de Mario Miguel Pollak, quien en defensa de su hermana logró apartar al agresor.

Mientras ello acontecía, Fanny logró recomponerse y empujando la motocicleta en la que se desplazaba, donde a su vez estaban sentados tres hijos de la pareja, alcanzó al umbral de la puerta lateral hacia el interior de la cocina, ocasión en la que Zárate, quien previamente se aproximó al auto marca Peugeot 306, y de donde extrajo la carabina calibre 22 con mira telescópica, con la que, a la carrera pedestre se aproximó a la puerta y le apoyó la boca del cañón del arma de fuego en la espalda efectuando un disparo, provocando con éste el deceso casi inmediato de Pollak.

La calificación legal que se otorgó al hecho es la de “Femicidio agravado por el vínculo y por el empleo de un arma de fuego, y portación ilegal de arma de fuego de uso civil”, en concurso ideal.

El entuerto del juicio

Como se indicó en párrafos anteriores, lo único que queda por discutir en el debate versa sobre la intención homicida de Zárate, quien adujo en su declaración que el disparo fue accidental en medio de un forcejeo con su cuñado, hipótesis que se contradice con lo expuesto por este último como el resto de los testigos.

El principal entuerto a partir de sus dichos versa sobre la ubicación de la víctima. Mientras que Zárate la emplaza fuera de la casa, en medio del forcejeo entre el hermano y él, recibiendo el disparo cuando ella quedó delante de la escopeta, la otra versión (de los testigos presenciales) que recogió el fiscal alude a que Fanny estaba ya en el umbral de la puerta de la casa (la cocina) ingresando con la moto y los menores, y hasta allí fue Zárate con el arma y le disparó por la espalda.

Como se dijo, la hipótesis fiscal se sustenta en los dichos no solo del hermano y la cuñada, sino también de la sobrina y la hija de 12 años de la pareja.

Otro punto de disidencia resulta sobre los disparos. Mientras que para los investigadores hubo un solo disparo a quemarropa, el detenido habla de tres disparos, que se sucedieron casi automáticamente producto de una reforma que le hizo a su arma, la cual permite contar con un gatillo muy sensible.

Al respecto, la pesquisa en la misma noche del homicidio recogió una sola vaina y, al otro día, un proyectil intacto que, suponen, podría ser del agresor o el cuñado, que tendrían guardado entre sus ropas y que cayera en medio del forcejeo.

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