Opinión

Rumbo a octubre, la puja por la fuga de votos

Una madre con su hijo recién nacido, esperando a votar por falta de autoridades

El capítulo electoral local rumbo a octubre a priori no dista de la escenografía que se emplazó en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Los trabajos de medición que están en plena elaboración hablan de una radiografía casi idéntica en cuanto a porcentajes, con un triunfo seguro para el oficialismo y la disputa de los principales candidatos de la oposición por la “famosa” tercera banca.

De cara a la renovación del Concejo Deliberante, ante una eventual y relativa réplica de porcentuales, el lunghismo devenido en Cambiemos con la candidatura de Mario Civalleri tendría asegurada cinco bancas (el oficialismo junto al PRO ponen en juego siete), en tanto que Unidad Ciudadana y 1País ocuparían dos bancas cada uno, con una tercera en disputa, por la cual, claro está, también el resto de las fuerzas que siguen en carrera, entre ellas la que lidera Néstor Auza con Cumplir, desea obtener. Lo que a estas alturas resultaría prácticamente una utopía.

De acuerdo a los sondeos consultados, la banca en disputa la estarían pugnando voto a voto Iparraguirre y D’Alessandro, para la cual el segundo sería el que más trabajo de persuasión deberá afrontar en pos de quitarle algún voto a Cambiemos, con el aditamento de que su candidato en la cima de la boleta, Sergio Massa, no se caiga más de lo que algunos presagian.

Para Iparraguirre, especulan, su principal desafío será mantener lo que cosechó y que su referente, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, no decline en la intención de sufragios que hasta aquí conserva, lo que estaría más cerca para sumar el tercer concejal.

Estrategias

Precisamente el consejo que han recibido ambos contrincantes con su respectivo equipo de campaña partió de la premisa de no sufrir la fuga de votos. La principal misión: retener el caudal obtenido en las PASO y, desde allí, pelear por aquellos votantes que se quedaron sin representatividad e incluso hurtarle algún voto al resto de los espacios que siguen en competencia.

De acuerdo el escenario trazado, Iparraguirre mantendría el caudal de votos que el espacio supo juntar en las Primarias, sumando buena parte de los que habían elegido en la interna a Daniel López como alternativa. Apenas algunos -conjeturan- podrían dispersarse en el espacio que conduce Néstor Auza, desde donde, cual reciprocidad, sospechan que otros tantos votos del Movimiento Evita podrían inclinarse a apoyar al kirchnerista más que al exrector. De todos modos, se desprende, dichos corrimientos no merecerían mayor incidencia en los números globales proyectados.

Polarización y
nacionalización

Más complejo, se insistió, la tendría D’Alessandro a la hora de pelear por el ingreso al recinto deliberativo de Raúl Escudero. Más que nunca, su suerte está atada a su propio potencial frente a lo que le podría restar la caída de Sergio Massa, quien al decir de los analistas sufriría aún más la polarización entre la expresidenta y el macrismo. Calculan desde 1País, que con mil votos más estarían en condiciones de acercarse a esa pretensión.

Para colmo de males para el massismo vernáculo, además de la polarización se habla de una campaña nacionalizada, en la que precisamente está en discusión dos modelos encarnados en la rutilante figura de la exmandataria nacional y el gobierno de Mauricio Macri, por lo que, como nunca, las candidaturas y campañas locales parecen quedar relegadas, eclipsadas por aquella contienda nacional y provincial.

Titánica tarea, en consecuencia, para las apetencias de D’Alessandro y compañía a la hora de instalar debates sobre la ciudad en medio de ese humor social. Provocar el interés local por sobre lo que se discute “arriba” encierra la complejidad de la trama de los candidatos que pugnan por un protagonismo entre los vecinos.

Viento de cola

Bajo ese contexto, como nunca antes el lunghismo goza de un viento de cola inimaginado, despojado de aquellos tiempos de desconfianza con la renegada alianza con el PRO, más la incertidumbre económica que, en la actualidad, parece revertirse por la prepotencia de los índices favorables.

Según se discrimina de los sufragios recibidos en las PASO, resultó notorio el apoyo recibido en barrios donde antes la suerte electoral resultaba esquiva o reticente. Al parecer, las adhesiones vendrían de la mano de las millonarias obras de infraestructura que el Gobierno nacional ha depositado por estos pagos, obras que el lunghismo, una vez más, supo capitalizar.

No resulta caprichoso, así, la obstinación comunicacional del pediatra y compañía por emular una y otra vez sobre las bondades de las buenas relaciones con Provincia y Nación, sintonía que supieron concebir por pragmatismo electoral más que por convicción política.

Entonces, la campaña se cimienta en la gestión, ni más ni menos. Con recorrer las obras, intercambiar opiniones con el vecino y apuntalar en las prioridades, alcanza incluso para entusiasmarse en sacar más puntos de los que se recogió en agosto, al menos igualar el porcentaje que los candidatos nacionales y provinciales de la lista supieron reunir (un dato que nunca antes había ocurrido en la era lunghiana).

Las cartas parecerían estar echadas y el resultado cantado. Empero, los integrantes de la casta política saben que nada está asegurado hasta el 22 de octubre. Para que nadie se desaliente ni se relaje en medio de la carrera lanzada, alcanza con saber que aquellos sondeos citados dejan traslucir que alrededor de un 11 por ciento de los consultados dijo no acordarse a quién voto en las PASO (realizadas hace apenas dos meses). Si bien podría inferirse que una buena porción de esos consultados podría haber mentido, no sería descabellado suponer que buena parte de dicho número sea cierto, siendo que un porcentaje similar de los consultados expresó que recién decidió su voto el fin de semana de votación o incluso una vez dentro del cuarto oscuro, lo que no deja de ser una señal más que llamativa que habla a las claras de un voto volátil, indescifrable.

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Guillermo Liggerini

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