Opinión

La Farándula, una farsa

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Ya no debería sorprenderme. Sin embargo, cuando lo vi me pasó un hilo frío por la espalda, un nudo en la garganta y solté un insulto al aire. Transitaba por la avenida Falucho rumbo al centro y advertí una gran cantidad de autos estacionados en la esquina de Venezuela, una calle cortada porque había unos estudiantes desplegando su coreografía ante la mirada orgullosa de medio centenar de personas que registraba la imagen con sus celulares y aplaudían el espectáculo. Eran los familiares de esos pibes disfrazados, entusiastas, mostrando lo que con mucho esfuerzo habían trabajado para hacer una Farándula que no pudo ser.

‘¿Qué les pasa? O lo que es peor ¿No les pasa nada?’, me pregunté con frustrante indignación. Es que apenas unos minutos antes dicha Farándula a la que ellos iban a participar como otros cientos de pibes no se hizo ante un doloroso suceso. Un chico, un pibe como ellos, un hijo como el de ellos, estaba peleando por su vida.

Y ahí retomé aquellas duras y feas sensaciones que me vienen acompañando de hace tiempo ya. De digerir aquella hipocresía de hordas de gentes que despotrican con la dirigencia política como si ésta naciera de un repollo. Que clama justicia, pero que coincida con lo que ellos pretenden, porque si la justicia no falla como uno quiere no es justicia. Y así, un acusado de aberrantes delitos como la corrupción puede ir preso sin sentencia, con el solo propósito de conformar a un gobierno de turno y a un público  ávido de venganza, no de justicia.

Así recordé que hace poco nomás unos festejaban que el pibe Maldonado había sido encontrado muerto en el río Chubut. Y después otros festejaron más aún cuando el juez dijo horas antes de las elecciones que no presentaba lesiones. Unos y otros festejaron, mientras una familia lloraba al muerto y desconfía de todo y de todos.

Entonces, aquí y ahora, por qué me debería sorprender que esos pibes y sus respectivos padres (por suerte no todos, claro) reprocharan casi hasta el insulto a los organizadores de la tradicional Farándula estudiantil que con buen tino y sensibilidad clausuraron la fiesta.

“Y ahora quién me paga el maquillaje” “Quién nos devuelve lo que gastamos en los disfraces”. “No tenemos más los ‘galpones”, soltaba con espontánea agudeza –sin un ápice de indulgencia- una de las mamis ‘indignada’ por la frustración del espectáculo invertido.

Que los chicos trabajaron mucho, que hay mucho esfuerzo y dinero puesto en sus respectivas presentaciones. Que si no era hoy -por ayer- no lo podían hacer más porque viajaban a Bariloche y la mar en coche. Todas razonables razones que la razón no logra entender ante lo doloroso: un pibe como ellos, un hijo como el de ellos, estaba internado en grave estado.

Parece, entonces, que nada importa y se comprueba que la hipocresía, la miseria, el egoísmo,  viene ganando por goleada.

Juego todas las fichas a que si la Farándula se hacía, esos mismos pibes con sus papis que se miran sus respectivos ombligos iban a desplegar su elaborada coreografía y en sus mensajes aludirían a los valores de la solidaridad, del compromiso con el otro y demás slogans que ayer, cuando tenían la oportunidad de ponerlos en práctica, lejos, pero muy lejos estuvieron.

‘Los chicos no nacen malos’, dijo alguna vez un sabio del rock. Ayer quedó en claro que no, sus padres hacen lo suyo. En el diccionario se detallan varios sinónimos de farándula, uno es la farsa. En este caso, en esta edición 2017,  le sienta bien la definición…

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Guillermo Liggerini

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