Opinión

Candidatos al borde de un ataque de nervios

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Todos tienen sus números en mano, lo que podría invitar a contar con algo de previsibilidad y, así, un relativo relajo. Sin embargo en las últimas horas de campaña reina el nerviosismo, la tensión. Hay mucha expectativa en juego a partir de la vara que cada uno de ellos se impuso y los humores son cambiantes de acuerdo a sus circunstancias.

La casta política no solo debe lidiar con sus sensaciones a cuestas, sino también a partir de lo que han recogido en la calle en sus interminables caminatas y encuentros vecinales, donde se han topado con un buen porcentaje de desconocimiento, desinterés y hasta incredulidad sobre la instancia participativa por venir de quienes en definitiva tienen en mano el destino de aquella.

Precisamente bajo esa incertidumbre se funda la inestabilidad emocional de sobre todos los cabezas de listas que, a sus modos y sus formas, ponen en juego sus ropas ante sus conciudadanos.

Los números

Las vacilaciones también encuentran escasas respuestas en lo que hasta aquí la fotografía electoral local destaca, siendo que hay unos cinco puntos fluctuantes de aquellos indecisos que podrían arrancar o borrar la sonrisa de uno u otro candidato.

Los números que manejan todos especulan con un virtual triunfo oficialista que alcanzaría un piso del 30 por ciento. Unos cuatro puntos debajo se perfila el principal contrincante 1País y, más atrás, trepando a los 20 puntos, Unidad Ciudadana. Ya más abajo, con unos seis puntos Cumplir; en estos dos últimos frentes con competencia interna.

Las dudas que no solo los candidatos y asesores si no los propios consultores sostienen también responden a que como toda elección de medio término y, en especial unas PASO, el votante no asume mayor compromiso ni fervor, por lo que podría implicar una volatilidad en el sufragio a último momento difícil de pronosticar.

Los candidatos

Frente al indescifrable escenario, la inestabilidad emocional de los protagonistas se respira y la reciben aquellos con quienes conviven el trajín proselitista.

Cuentan que el ingeniero Mario Civalleri, dentro de su infranqueable temperamento fiel a su dura formación de ingeniero, se lo nota sensible, tal vez asumiendo que a pesar de su amplia experiencia en la función pública no cuenta con antecedentes electorales que lo tuvieran como protagonista.

También estaría digiriendo que tiene más para perder que para ganar. Un resultado positivo volvería a enaltecerse la figura del pediatra. Un porcentaje no feliz o menor a anteriores elecciones legislativas recaería en él todas las miradas disconformes.

Para colmo de males, el ingeniero cuenta con una elección particular de todas las que hasta aquí les tocó jugar al lunghismo. Es que el radicalismo jugó cual partido vecinalista y no tuvo tapujos en llevar la tijera a cual barrio, casa, lo dispusiera. Eso ahora ya no será posible. Para bien o para mal, forman parte de Cambiemos y todo lo bueno y lo malo que depare las políticas nacionales hacen mella en sus potencialidades.

Spinner por tijeras

Los allegados a Mauricio D’Alessandro también exponen que la procesión del mediático abogado va por dentro. Que más allá de mostrarse divertido y con desparpajo habitual, aquel entusiasmo que lo tenía con la sonrisa bien amplia se ha transformado por momentos en una mueca nerviosa, siendo que los números ahora le dicen que aquella paridad podría cambiar en las últimas horas rumbo a las urnas.

Se lo habían anticipado –cuentan- pero al hombre no le gusta perder ni a la bolita y por eso el fastidio. Le presagian que después de las PASO la diferencia podría acrecentarse más ante una eventual polarización nacional y si la figura de su referente, Sergio Massa, se diluye. No se extraña, entonces, que aquella estrategia localista que usaba el pediatra ahora la usen desde 1País, cambiando spinner por tijeras.

Quien transitaría más relajado los minutos que restan sería Rogelio Iparraguirre, conforme con lo desplegado y por lo que hasta aquí le exponen los sondeos, aglutinando una voluntad de adherentes cautivo e interesante de acuerdo de donde partió la carrera y al espacio político que representa, algo esquivo para el paladar del tandilense medio.

Detrás parece correr Néstor Auza, cuya figura no logra diferenciarse de lo que reuniría la figura de Randazzo, con el aditamento de la desconfianza de que aquellos que ahora compiten en la interna dentro del espacio en octubre se inclinen con una figura más afín a sus idearios, léase Iparraguirre.

Las cartas están echadas. A priori los eventuales tres primeros, más allá de sus sensaciones personales y lecturas que reciben, podrían festejar el domingo de acuerdo de donde parten y donde llegan a la verdadera encuesta. Ya habrá tiempo para nuevas lecturas, más especulaciones y renovados bríos pensando en octubre.

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Guillermo Liggerini

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