Necrológicas

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FANNY TISERA DE LLORENS “CUQUI”

El pasado 28 de octubre, a los 79 años, falleció Fanny Tisera, tras luchar durante un breve, pero duro lapso, contra una difícil enfermedad.

Fanny, conocida por todos como Cuqui, fue una respetable vecina nacida en Gardey que, hacia los años ‘60, fundó junto a su madre y su hermana Norma la peluquería “Doris”, que pronto se transformó en un punto de encuentro de las mujeres en Tandil, haciéndose famosa por sus peinados y sus tendencias en el rubro.

Durante muchos años, trabajó y a la par crió sola a su único hijo, Héctor. Fue una madre y mujer ejemplar que supo defenderse sola en momentos de adversidad. Una tía presente que acompañó y cuidó de sus sobrinos como si fueran sus hijos. Su vida familiar transcurrió siempre junto a su hijo Héctor, su hermana Norma, su cuñado Daniel Peuscovich y sus queridos sobrinos María Celia, Daniel, Catalina y María Laura. Entre todos formaron una sólida unión que solo la muerte pudo separar. Ni siquiera las largas distancias alejaron a sus amados sobrinos del contacto cotidiano. Se convirtió en una reconocida vecina en la zona céntrica de la ciudad, siempre con una sonrisa y dispuesta a conversar con todos.

Cuando dejó su trabajo, se dedicó a disfrutar de las visitas a sus vecinos y amistades y con el correr de los años, la vida la transformó en abuela de quienes ella definió como sus tesoros: Bernardita, Martino y Margarita, a quienes cuidaba con pleno amor y dedicación. También siempre tuvo un cariño incondicional por sus sobrinos nietos, Agustina, Juan Cruz y Alfredo.

Si algo definió a Cuqui fue su desinteresada ayuda a quien necesitaban de su apoyo. Así, acompañó y cuidó a su hermana Norma en los momentos más difíciles, y al resto de su familia y amigos. Siempre que la necesitaban, Fanny estaba allí, para dar una mano.

Fue una enfermedad dura y cruel la que le arrebató en muy poco tiempo la posibilidad de seguir disfrutando de su familia, pero es el turno ahora de cuidar de todos ellos desde otro lugar, en la paz absoluta que tanto anhelaba los últimos días.

Su hijo Héctor Vicente Llorens, su nuera Florencia Montaruli, sus nietos Bernardita, Martino y Margarita Llorens, sus queridos sobrinos Daniel, María Laura y Catalina Peuscovich, su sobrino político Francisco Medina, sus sobrinos nietos Alfredo Medina, Agustina y Juan Cruz Casadei y su consuegra Patricia Panfido la recuerdan como la entrañable persona que fue: una madre ejemplar, una tía querida y presente, una abuela incondicional y una mujer siempre dispuesta a dar una mano.

 

RUBEN DARIO PALMA “DAVO”

El 28 de octubre se produjo el fallecimiento de Rubén Darío Palma, apodado “Davo”.

Había nacido el 6 de mayo de 1952 en la localidad de San Cayetano.

Era hijo de Ricardo e Irene Palma. Sus hermanos Marta, Ricardo, Stella Maris y Graciela.

Se casó el 6 de agosto de 1982 con Claudia de Robles, con quien tuvo tres hijos: Julián, Ailén y Naiara. Luego llegarían sus yernos Leandro y Emiliano y su nuera Anabella.

 

Recordatorio

“Fue un esposo maravilloso y un padre excepcional y grandioso abuelo para sus nietos Justino, Ciro, Priscila y Benito. Fue un gran trabajador no solo en lo seglar, sino también en su hogar con su creatividad e ingeniosidad en todo lo que hacía.

Rubén fue un hombre que supo disfrutar la vida a pleno y hacer disfrutar a los que con él compartían alguna charla o momentos.

Fue una persona muy alegre y divertida, con una personalidad muy agradable, lo que contribuyó a tener muchos amigos, ya que quienes lo conocieron no dudaban en pasar momentos con él y disfrutar de su compañía.

Todos sus familiares -sobrinos, cuñados, suegra y el resto de sus amigos- lamentamos tan grande pérdida, pero no hay mejor manera que recordarlo con todo el legado que nos dejó: disfrutar de la vida hasta de los momentos más sencillos y con su alegría y su “chispa de humor” que lo hizo una persona única”.

 

DORIS ETEL BLANCO VDA. DE PEREZ

El 7 de octubre, de manera inesperada, falleció Doris Etel Blanco viuda de Pérez, “Tata” para sus nietos, a la edad de 81 años.

Transcurrió su infancia entre Tandil y el campo, en la zona de Las Numancias y San Manuel, donde vivía con sus padres Domingo e Ida.

Se casó con Francisco Pérez (“Gallego”), con quien tuvo un matrimonio de más de 50 años, hasta el 2014 en que fallece su gran compañero de vida.

Su vida estuvo dedicada al resto de las personas. No la interesaba tener sino dar: eso la hacía feliz.

Con el nacimiento de sus dos nietos Lucila y Alejo Traiani, comenzó su mayor felicidad y tuvo su punto cúlmine con el nacimiento de su bisnieta Olivia Volpe.

Hasta su último día tuvo energía para los quehaceres domésticos y especialmente para cocinar a la carta para nietos y bisnietos, y cuidar con tanto amor largas horas diarias a Olivia.

 

Dedicatorias

 

“Má: te fuiste cuando ni siquiera lo sospechaba, así en silencio. Nunca querías molestar y si estabas descompuesta no lo dijiste.

Quisiera borrar esa imagen y la impotencia de no poder hacer nada para salvarte, como tampoco lo pude hacer con Sergio. ¡Qué impotencia, Dios!

Luego de la pérdida de Papá, en el último año y medio habías logrado rejuvenecer con Olivia, es por eso que ella en su escaso lenguaje pronunció casi simultáneamente Mamá y Tata.

Gracias por criar, malcriar y amar a mis hijos como lo hiciste.

Te extrañamos tanto…

Extrañaré sus riscas comidas, el despertarme las mañanas, el abrirme la puerta porque no llevaba la llave, el `Má ¿me planchás esto?´.

También las idas a tomar la merienda, el ir juntas a la peluquería de María, el escucharte hablar por teléfono con Quita, tu alegría de reunirte con María Rosa, tu amiga de primaria, el café que preparabas a diario, el probarte y ver las combinaciones (qué herencia) y ni hablar cuando vea lechuzas, que coleccionabas, y ya no estés para comprártelas; tu presencia en las reuniones familiares… Ya no será un trío de abuelas, y tantas, tantas otras cosas.

¡Gracias Ma!

 

Tu hija Mirna”.

 

“La vida a veces es injusta. Lo que tendría que haber sido un festejo terminó siendo lo contrario.

Decirte gracias es demasiado poco. No tenés una mínima idea de lo significante que fuiste en nuestras vidas. Fuiste más que una abuela, siempre generosa, pensando en el otro más que en vos.

Nos criaste, nos cuidaste, nos mantuviste en todo sentido. Y ni hablar cuando llegó a nuestra vidas Olivia, fue tu felicidad absoluta, la cuidaste con tanto amor y paciencia.

La miro y te veo reflejada todo el tiempo.

Hay una cosa que me deja tranquila, que fue decirte el último día que te vi que te quería, acto que no hago seguido.

Dejás un vacío y una tristeza muy grande. Infinitas gracias, orgullosa de vos

Amos eterno: otro ángel para cuidarnos.

Lucila”.

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