La Ciudad

Tomás Villagra lucha por su vida en el Hospital, apoyado por sus familiares y amigos

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El viernes 4 de agosto, Tomás Villagra, de 25 años, salió de trabajar a las 22, de la estación de servicios de España y Rodríguez. Cenó en lo de sus abuelos y se fue a visitar a su amigo Hernán “Coky” Levy. Al regresar a su casa ubicada en Belgrano al 1700, cerca de las 5.30, estacionó y se dispuso a bajar del auto. En ese instante, un vehículo lo embistió, perdió una pierna y sigue internado en terapia intensiva.

“Al otro día, me desperté con el llamado de la mamá, en un ataque de llanto. Atendió mi mamá el teléfono fijo. No entendía nada y cuando escuché Tomás, fue cuando me levanté de la cama y vine para acá”, contó Solange Beneitez, la novia de Tomás, desde uno de los pasillos del Hospital Santamarina.

Conmovida, recordó que “al principio no entendía. Tampoco podía saber cómo había sido, cómo estaba él. La mamá de Tomás estaba en estado de shock y no sabía lo de su pierna todavía. Fue muy duro”. En esas primeras horas, “la mamá, de a poco, decía cosas, obviamente por su estado de shock”.

La familia de Tomás escuchó el choque en la puerta de su casa, salió a la vereda y vio la peor escena. El hijo mayor estaba tirado en la calle, ensangrentado y con una pierna muy comprometida.

Tras llegar al Hospital, le tuvieron que cortar la pierna de la rodilla hacia abajo. “Todo ese momento en que él estuvo en el quirófano y que no teníamos noticias, lo único que pensaba era que se la iban a salvar. Todo el tiempo mi mente repetía eso y bueno, no fue así”, lamentó Solange.

Con el paso de las horas, fueron las visitas al Hospital, mientras Emilia -la hija de ambos de solo 7 meses- quedaba al cuidado de la abuela materna. “El ahora está en terapia intensiva. Sigue en coma inducido y con ventilación. No lo llegué a ver despierto, pero sí los doctores habían decidido, porque estaba bien hemodinámicamente, proceder a bajarle la sedación y empezar a despertarlo. Así que un día vimos que se movía y al siguiente vinimos todos pensando que lo íbamos a ver despierto, pero nos dimos cuenta de que no, que nos traicionó la ansiedad, y lo tuvieron que volver a sedar, porque ahora presentó una infección que puede ser neumonía y es mejor que esté sedado”, dijo la novia entre lágrimas.

Agregó que “dentro de sus parámetros, siempre estuvo estable, pero es un paciente que siempre estuvo en terapia, es crítico, porque es un politraumatizado. Ahora empezó con el cuadro febril y puede ser por la amputación, por los fémures que también los tiene fracturados. Los doctores dicen que puede ser por muchas causas”.

“Le cambió
la vida”

Cada vez que se acerca a la cama de Tomás, su novia le habla. “Cuando estoy ahí, soy un roble. No voy a llorar al lado de él porque tengo que estar fuerte y preparada para cuando se despierte, y por más que suene fuerte, a él le falta la pierna y a él le cambió la vida. Y yo si lloro, no sirvo; no le sirvo ni de ayuda ni de apoyo”, expresó con valentía

Desde esa postura admirable, Solange intenta distender la situación, olvidar que está visitando a su pareja en una terapia intensiva. “Le hablo de Emilia, le cuento que hoy fue al doctor, que le están saliendo los dientes, que lo estamos esperando, porque sé que me escucha. No se puede comprobar, pero en el fondo lo siento”, confió.

Cuando se retira de la sala, llegan los momentos más difíciles, porque “cuesta mucho verlo así, por más que pasó una semana”. Y como si fuera poco, lo extraña, y lo mismo le ocurre a la pequeña de solo 7 meses.

Su historia

Tomás Villagra nació en Lomas de Zamora. Vino a vivir a Tandil cuando tenía 12 años, con su familia. Asistió a la Escuela 34 y luego a la Normal, donde sembró buenas relaciones y cosechó muchos amigos.

Su novia Solange Beneitez lo conoció en 2014, cuando estudiaba música en Buenos Aires, trabajaba en Burger King y regresaba a Tandil a visitar a su mamá. “Nos empezamos a conocer a la distancia, y él venía cuando el trabajo se lo permitía. Un día me propone la idea de irnos de mochileros, y dejamos nuestras comodidades, nuestra zona de confort. Tomás dejó su trabajo. Nos fuimos”, contó la joven con fortaleza, en el inicio de la charla.

Partieron de viaje en septiembre de 2015 y durante nueves meses, recorrieron varias provincias del norte de la Argentina y cruzaron la frontera hacia Bolivia. “Decidimos ir a Copacabana, que siempre coincidimos que fue el lugar más lindo y el más cálido. Estuvimos en el Lago Titicaca, conocimos la Isla del Sol. Fue hermoso”, recordó.

“Nos enteramos que estaba embarazada en Chile. Fue el mejor regalo. Al principio mucho miedo porque habíamos dejado todo acá y nos fuimos”, dijo y precisó que hoy la beba tiene 7 meses, se llama Emilia y “es la luz de Tomás”.

Sus proyectos

El próximo objetivo de la pareja era la convivencia. “El estaba esperando quedar efectivo en el trabajo para progresar, irnos a vivir, alquilar”, indicó Solange. Por el momento, cada uno vive con sus padres, y si Tomás no estaba en el laburo o estudiando mecánica, visitaba a su novia y a su hija, o estaba con sus amigos. “Esa era su vida”, resumió.

“Desde que volvimos de viaje, lo primero que hizo fue buscar trabajo. Tiene mucha experiencia, siempre predispuesto. Es una persona que decía: ‘Yo quiero esto y lo voy a lograr’. Así que se levantaba todas las mañanas, en ese momento agarraba la bici y repartía currículums. Así llegaban los llamados. Primero trabajó en Diarco y al tiempo, salió lo de YPF”, relató.

Y agregó que “todo lo que él estaba haciendo, era por nosotras. Siempre me decía: ‘Son lo más importante que tengo’ y él decidió que yo no trabaje para que pueda estudiar enfermería. Se hacía cargo también de eso. Después de que nació Emilia, me dijo: ‘Yo quiero que vos estudies, yo las banco’. Así es Tomás”.

“Además de que trabajaba estaba estudiando para ser mecánico, y todo el tiempo trataba de coordinar con sus compañeros de trabajo para poder asistir a las dos cosas. Entonces, cuando se podía hacer un tiempo para los amigos, lo quería disfrutar al máximo. Nosotras dos nos acoplábamos a los espacios libres que le dejaban las obligaciones”, recapituló sobre la vida que llevaban hace solo siete días.

“La paciencia
cuesta mucho”

Solange quiere que se despierte, que se recupere, que empiece la rehabilitación. “Va a ser un proceso muy largo y muy duro. Esto de la paciencia cuesta mucho, y el verlo ahí”, reconoció y le agradeció a su mamá que la ayuda a cuidar de Emilia cada vez que se quiebra.

Por último, agradeció a todas las personas que los apoyan y acompañan en este momento, a la vez que pidió disculpas por las veces que no pudo contestar la enorme cantidad de mensajes de aliento que les llegan.

“Es duro, pero por
lo menos está acá”

El viernes 4 de agosto, cuando salió de trabajar, Tomás Villagra se juntó con su amigo Hernán “Coky” Levy a charlar de cómo había sido la semana y a jugar un rato en la computadora.

Se conocieron cuando tenían 12 años. Tomás había llegado de Capital Federal y se incorporó a la Escuela 34, donde se hicieron amigos. “Desde chiquitos salíamos a andar en bicicleta y esas cosas”, contó “Coky”, emocionado.

Ese sábado fatal, se despidieron a las 5.15. Tomás volvió a su casa. “Nunca me imaginé que iba a pasar esto. De hecho, cuando me dijeron, no lo podía crear. Fue un garrón en todo sentido”, describió.

Cuando se levantó, cerca del mediodía, una amiga de la primaria le escribió por Facebook y le compartió la crónica sobre el choque que impactó a Tomás. Enseguida, fue al Hospital para comprobar la terrible noticia. “Es duro, pero por lo menos está acá, que es lo que vale”, expresó.

El aguante

El grupo de amigos asiste al centro de salud todos los días. Les permiten ingresar a terapia y hablarle a Tomás. “Verlo ahí no está bueno, teniendo tantas anécdotas en la cabeza. Cuesta verlo ahí”, confesó “Coky”.

Definió a su amigo como “un ser de luz. Lo quiere todo el mundo. No hay nadie que le tenga rencor, bronca. Es una persona que se hace querer y siempre busca que todos estén bien”.

Romina Achaga, integrante del grupo de Tomás, agregó que “es increíble toda la gente que se acercó a poner toda su buena onda en él. Vinieron profesores del curso de mecánica que está haciendo, la familia y amigas de Sol (su novia), amigos que hacía años que no veíamos porque estaban afuera”.

Eric Larsen, con quien Tomás compartió la banda Cuarta Estación, contó que “vine a donar sangre y ya se recuperó todo lo que había gastado. Vino un montón de gente a donar”, dijo como otra muestra del impacto del caso en la sociedad, y agregó que “la gente está conmovida con todo esto, y también indignada, porque por culpa de alguien, nuestro amigo está ahí”. Consideró que “estaba en el lugar y en el momento equivocados”.

Al mismo tiempo, Romina Achaga expresó que “es indignante por lo prudente que es él, que es un chico que se levanta y llega antes de horario a su trabajo. Siempre quiere cumplir sus metas y desafiarse para poder quedar en YPF, porque nos hablaba de Emilia y su preocupación por darle un hogar y estar con ella”.

Por último, los chicos agradecieron que Tomás esté con vida y se comprometieron a acompañarlo todos los días, como así también a su mujer, para que puedan salir adelante en este trance durísimo que les toca atravesar.

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