La Ciudad

¿Se pueden comer las naranjas de los árboles de Yrigoyen?

Cada año los naranjos que pueblan la calle Yrigoyen se llenan de frutas y, quien aún no conoce el sabor de dichas naranjas tiene el impulso de tomar una y probarla, para finalmente comprobar que su sabor es amargo por completo y no demasiado agradable para la mayoría de los paladares. Sin embargo, quienes saben prepararlas, obtienen naranjas deliciosas.

Actualmente no resulta habitual ver nuevos árboles frutales siendo plantados en la vía pública, ya que esta era una práctica que solía realizarse años atrás ‘por moda’, según el titular de la Dirección de Parques y Paseos, Hugo Biasco, y se dejó de implementar debido a la incomodidad que causa el fruto madurado cuando cae sobre la vereda, el cual no contribuye con su higiene. A pesar de ello, Biasco cree que los frutales que se encuentran plantados deben ser considerados patrimonio histórico para la ciudad, al igual que los tilos en la Av. Colón. Por eso, algunas plantas que se encuentran en Yrigoyen, entre Av. España y Av. Del Valle, que sufren de agentes patógenos y no disponen de una estética agradable, serán reemplazados próximamente por otras sanas, con la intención de mantener la tradición de la calle.

Biasco señala que, a pesar de tratarse de frutas provenientes de plantas que no cuentan con ningún tipo de agroquímico y crecen de forma completamente natural, no se consumen debido a su sabor astringente, aunque sí se utilizan en gran manera para hacer dulces. Uno de ellos es elaborado por Gonzalo González, propietario de Dulces El Cazador con 26 años de trayectoria en el rubro en la ciudad.

El emprendimiento tuvo sus inicios en el patio de Época de Quesos, experimentando con las ciruelas del árbol que allí se encontraba, y desde hace quince años cuenta con su cocina propia y salón de ventas en un predio camino al acceso al Cerro Centinela. Gonzalo asegura que se trata de una naranja que es mucho más trabajosa que la convencional, ya que necesita ser hervida varias veces y requiere más azúcar de la que habitualmente se utiliza para hacer dulce, con la intención de obtener un sabor agradable al gusto general.

Para la producción del dulce de naranja con cointreau, Gonzalo y sus colaboradores se encargan de cosechar de los árboles de la vía pública las frutas caídas que se encuentran en buen estado y las que aún se encuentran en las ramas. Afirma que con catorce o quince plantas, de donde se obtienen anualmente entre 400 y 500 kilos de naranjas, es suficiente para alcanzar la producción deseada. Y, en contraposición a lo que en general se cree, dicho dulce tiene muy buena aceptación, principalmente entre quienes participan de la degustación que se realiza de forma permanente en Época de Quesos y se retiran del lugar con, mínimamente, un frasco de dulce de naranja bajo el brazo.

Sólo resta animarse a probar un sabor no del todo dulce, elaborado con las frutas que vemos a diario en nuestras veredas. Por su parte, el Director de la oficina a cargo del arbolado público recomienda solicitar permiso municipal a quien desee cosechar las frutas, para que se realice de forma ordenada.

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El Eco de Tandil

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