La Ciudad

Reclaman soluciones por inundaciones en el paraje El Molino, a la vera del Langueyú

La dueña de un campo en la zona del paraje El Molino reclamó que las autoridades le den respuestas por la inundación que sufrió en su propiedad debido a la crecida del arroyo Langueyú y las obstrucciones que no permiten que circule el agua. Además, aseguró que sufren inundaciones cada vez que llueve y que necesitan una solución que perdure en el tiempo.

En diálogo con El Eco de Tandil, Bibiana Pérez Rivas contó que “después de la inundación quedó una mugre infernal. Es un infierno realmente lo que queda, toda esta porquería viene de la ciudad, y parece decoración de Navidad solo que con bolsas de residuos y basura”.

Y explicó que puntualmente en ese tramo del arroyo hay dos obstrucciones e indicó que una de ellas es “muy importante” y que la próxima vez que llueva si no la sacan “nos vamos a volver a inundar y no solo nosotros, sino todo lo que viene detrás, incluso Tandil porque es una obstrucción completa del cauce del Langueyú”.

Y explicó que esas obstrucciones son árboles que “han ido sacando con esa draga, algunos dicen que es impecable, pero yo digo que es un mamarracho, porque solamente hace falta venir y mirar cómo se encuentra el arroyo, que ningún funcionario viene a ver”.

En cuanto a los trabajos de dragado de la Provincia, afirmó que el año pasado se concretaban cuando “de un día para otro el maquinista de la draga me dijo que se había acabado el presupuesto, que se tenía que ir. Todo el frente mío no lo limpió porque no quiso, porque la máquina estuvo parada acá tres meses, y él no venía a trabajar”.

Los problemas del
crecimiento de Tandil

Indignada, Pérez Rivas explicó que le planteó al jefe de Gabinete Mario Civalleri y a la jefa de la Región V de Hidráulica de la Provincia de Buenos Aires María Susana Laborde si piensan “hacer que siga creciendo la ciudad a expensas de un arroyo que no da para drenar toda el agua que no se absorbe en la ciudad”.

Y agregó que “al hacer más asfalto, menos absorción de agua de lluvia hay, así que no sé en qué están pensando”.

“A mí el ingeniero (Mario) Civalleri me dijo que si estuviéramos en un país serio no se permitiría construir al lado del Langueyú, y yo diría que si estuviéramos en un país serio se hubiera previsto el crecimiento de la ciudad con el desagote del Langueyú o hacer canales o entubarlo, o lo que sea”, manifestó.

Las pérdidas

En cuanto a la última inundación, indicó que “todos mis galpones tenían 20 centímetros de agua adentro, hay dos casas que se inundaron, la mía no porque está un poquito más alta, pero hubo dos viviendas donde les entró agua casi hasta las rodillas”.

Agregó que “no perdí los frutales porque mi época de cosecha es de fin de noviembre a febrero. No perdí fruta, lo que pasa es que las plantas se estropean porque como es un invierno bastante benigno, las plantas tienen hojas, quedan todas cubiertas de barro, y las hojas no pueden hacer su proceso de fotosíntesis. Se estropean muchísimo. Es un perjuicio económico para mí en forma directa aunque en este caso menor por la época, pero esto también sucede en los veranos cuando tengo las plantas cargadas de fruta”.

Además, explicó que dos personas a las que les arrienda parte del campo perdieron toda su cosecha.

“En los galpones no perdí nada porque tengo mi plan de contingencia armado. Yo vivo mirando el pronóstico y cuando va a haber mucha lluvia entonces a mi casero le digo que hay que levantar todo porque no sé esa noche qué va a pasar y así hacemos solamente porque yo estoy prevenida”, aseguró.

Finalmente, sostuvo que al dialogar con Susana Laborde le prometió mandar gente hoy al lugar para ver qué se puede hacer, mientras que indicó que “a Civalleri le dije que necesito máquinas grandes, para sacar eso porque son troncos de un metro, metro y medio de diámetro, y me dijo que iba a mandar al ingeniero (Sergio) Vergara, pero acá todavía no ha venido nadie”. u

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