La Ciudad

Investigadores iniciaron excavaciones en el patio del Templo Danés, en busca de restos del Fuerte

En la víspera, en el patio del Templo Danés, comenzaron las excavaciones encabezadas por el equipo de la Facultad de Ciencias Sociales de la Unicén -con sede en Olavarría- para buscar vestigios del Fuerte Independencia, que dio origen a la fundación de Tandil. El grupo interdisciplinario cumplió la primera jornada con expectativas y el incentivo de los primeros hallazgos: dos trozos de una pipa de cablín francesa que dataría de finales de 1700 y gres que pertenecería a botellas de ginebra.

Las tareas científicas se desarrollan en el marco de un convenio que firmaron el Municipio y la unidad académica de la Unicén. El equipo está a cargo de los doctores en arqueología María del Carmen Langiano y Julio Merlo, y lo integran el alumno de la licenciatura en Antropología Augusto Oliván; los estudiantes del Doctorado en Arqueología, el geógrafo Fabricio Penido, quien llegó desde Brasil, y los antropólogos Víctor Martínez y Verónica Lalinde, ambos de Colombia; el doctor en Historia Marcelino Irianni y los licenciados en Historia Carla Dátola y Lucas Bilbao, y el geólogo Horacio Villalba. Además, participará el Ifimat (Instituto de Física de Materiales Tandil), para estudiar en su laboratorio ciertos materiales recuperados.

Los trabajos, que comenzaron ayer a las 9, se extenderán hasta el próximo domingo, una semana en noviembre y otra diciembre, siempre de acuerdo a los resultados que se logren. En esta primera etapa realizarán un relevamiento para determinar los registros que puedan obtener del Fuerte Independencia de Tandil, como así también una evaluación de las posibilidad de que existieran túneles.

Si bien arrancaron en el jardín del Templo Danés, ya tienen permiso de vecinos de la zona donde se emplazaba el Fuerte para trabajar en patios de inmuebles privados. Por ese motivo, invitaron a los interesados en observar las tareas de excavación a acercarse al edificio de Maipú y Rodríguez, ya que no podrán ingresar a las viviendas particulares.

El equipo de investigadores agradeció a la Iglesia Danesa por el apoyo, al Municipio y a la Facultad de Ciencias Sociales -que aporta las herramientas y los profesionales-, como así también a los estudiantes que le ponen el cuerpo a las extensas jornadas de excavaciones, como así también a la comunidad de Tandil por su apertura y predisposición.

Un trabajo
minucioso

El doctor en arqueología Julio Merlo explicó que avanzan en un sector del patio del Templo Danés, por cuadrículas que ya marcaron en el terreno y están dispuestas en posición de trinchera, una al lado de la otra, con la idea de registrar el suelo.

“Se excava con cucharín y pincel a niveles de cinco centímetros para ver la relación que tienen los materiales entre sí y poder contar la historia de lo que encontramos, y después ver también las diferencias en el sedimento que se puedan llegar a dar. Eso puede dar una información -interviene la geología- sobre si podemos encontrar algún camino o estructura que no es material cultural sino alguna modificación sí cultural pero del sedimento que quede registrado en el suelo”, detalló ante la incógnita de los túneles.

Por otra parte, relató que “para seleccionar el lugar donde empezar a trabajar, primero se hicieron unos sondeos más expeditivos que se hacen en arqueología cuando no tenemos una visibilidad de la estructura de lo que era el Fuerte porque está la ciudad arriba”.

Hace algunos años se había realizado un sondeo expeditivo que había arrojado resultados sobre la presencia de materiales, pero además consultaron registros documentales del templo. “Cuando se construyó esta iglesia todavía el Fuerte estaba en pie, entonces vimos fotos antiguas de la iglesia y detectamos qué espacios estaban libres desde ese momento. Elegimos las zonas menos alteradas. Obviamente estamos excavando en el patio, no podemos adentro de la iglesia ni en lugares que haya pisos ni estén construidos”.

Merlo aclaró que “mucha gente piensa que excavar es ingresar con palas que destruyen todo. Nada que ver. Inclusive, de este pequeño hueco que estamos haciendo, toda la tierra y el sedimento que se saca se pasa por una zaranda o tamiz para ver si quedó algún vestigio estructural o material arqueológico chiquito y luego se vuelve a tapar para dejar todo como estaba. La idea es dejar el patio en condiciones”.

Si bien la investigación se inició en una cuadrícula y ya hay otras marcadas, el avance dependerá del comportamiento de lo que aparece en el suelo. Es decir, se irá determinando si extienden la zona y para qué lado la amplían, además de la dirección.

En principio, estimaron que excavarán unos 60 ó 70 centímetros de profundidad, aunque tendrán en cuenta si aparece material o si hay un cambio notable de sedimento. “Es lento, porque si excaváramos con palas o herramientas más invasivas, perderíamos mucha información. De esto se trata la arqueología, si encuentro un hueso asociado a una punta de flecha o a determinado arma, puedo inferir que realmente están relacionados. Si excavo así nomás o con pala, esa información la pierdo”, fundamentó Julio Merlo.

Primeros
hallazgos

En la primera jornada de trabajo, que culminó con la caída del sol, lograron recolectar distintos tipos de materiales que luego deberán estudiar en el laboratorio. “Hasta ahora, a simple vista, con la suciedad de la tierra, pudimos apreciar la aparición de una pipa de cablín, que son características de finales de 1700 y duraron hasta mediados del siglo XIX”, adelantó el investigador.

Hallaron dos porciones de estas pipas que se utilizaban para fumar. Algunas tenían el canuto largo, que superaba los 60 centímetros, y la taza era chica porque el tabaco era costoso. Estas pipas eran inglesas, francesas y holandesas. “Por el fragmento del canuto de la pipa que encontramos, es francesa, porque tiene una inscripción en francés. No es común verlas con la inscripción”, dijo.

Agregó que también apareció gres, un material cerámico que se usaba para las antiguas botellas de ginebra, de color terracota. “Son fragmentos de botellas muy antiguas, que no se hacían con molde, se hacían soplando”, describió.
Sumado a esto, dieron con fragmentos de huesos calcinados que “son muy característicos de los fuertes y fortines de la época”, señaló. En este caso, detalló que en la zona no había árboles, por lo cual utilizaban los huesos para cocinar alimentos y calentarse, como combustible del fuego.

“En otros sitios que hemos trabajado, muchos de estos huesos se los utilizó para cocinar ladrillos, por ejemplo. En el Fortín La Parva de General Alvear se analizaron 30 mil huesos calcinados, la mayoría eran de vacas criollas, y estaban asociados a fragmentos de ladrillos con distintos grados de cocción”, informó.

Hasta el momento, estos vestigios se hallaron a 10 centímetros de profundidad. “Normalmente hemos trabajado en estos sitios pero en zonas rurales y es normal encontrar material en superficie y en baja profundidad. La sedimentación que se ha hecho desde el siglo XIX hasta este momento no es tan amplia como para decir que tiene una gran profundidad, pero sí es claro que está mezclado con material actual que es coherente con el uso que se le ha dado al espacio”, advirtió Merlo.

En la primera jornada, encontraron piezas de uno a diez centímetros de longitud que se preservaron en bolsas rotuladas, se realizó un registro y luego se evaluarán en el laboratorio, donde se limpiarán y pasarán a formar parte de un inventario.

En el terreno se confecciona un mapa con los hallazgos a distintas profundidades, al que luego se anexan las cuadrículas por las que avanzan. De ese modo, obtienen una visión global de la investigación.

Además, disponen de un detector de metales que aún no entró en acción. Sin embargo, luego de aplicarlo, tendrán que excavar indefectiblemente para comprobar qué hay bajo tierra. Para la época del Fuerte, la herramienta podría servir para presumir la presencia de balas y clavos, entre otros elementos de metal.

Los túneles

Con respecto a las estructuras que existen debajo de lo que fue la casa de Juan Fugl, el doctor en arqueología Julio Merlo opinó que no son túneles y estimó que forman parte de la ventilación del edificio, con la construcción abovedada de la época. Sin embargo, explicó que hay que estudiarlos para conocer el origen real.

“En Tandil hay canteras de arena y posiblemente, por lo que nos ha comentado la gente, posibilidades de túneles. Pero para poder determinarlo hay que estudiarlos y ver qué usos se les dio. Para eso no queda otra que entrar y hacer el mismo trabajo, quizás no excavar de manera horizontal pero sí controlar la función que tuvieron”, dijo sobre la casa de Fugl.

Agregó que “en las canteras de arena que hemos entrado a trabajar, hay algunas que están muy profundas, a 9 metros, pudimos ver en algunos lugares los piquetazos de cuando sacaban la arena. Eso da una información de la actividad que hacían en el lugar. O ver las chimeneas que eran las salidas por donde sacaban la arena, donde están las huellas de los escalones que hicieron para poder salir de la mina”.

Con tres líneas para investigar, el Fuerte, la casa de Fugl y los túneles de arena, en principio avanzarán con los vestigios de la fundación de Tandil, ya que hay “un planteo contundente sobre que el Fuerte tenía túneles. En los fuertes que hemos trabajado nosotros, que no son pocos, nunca encontramos, pero no podemos decir que no hay acá”. u

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