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Los desafíos de la ingeniería en un contexto de sismos

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Las imágenes dieron vuelta al mundo. Edificios ladeados, “cortados” a la mitad pero sobre todo escombros, muchos, demasiados escombros. Entre ellos, la policía, los “Topos” y otros voluntarios buscan sobrevivientes. Otra vez, exactamente 32 años después del terremoto más trágico de su historia, el centro de México se vio sacudido por un sismo. “Hay tres aristas de análisis en eventos de esta naturaleza. Una es la Tierra, otra es la infraestructura y la tercera, el rol de las personas”, explicó la ingeniera María Haydeé Peralta, docente de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN.

“¿Qué podemos hacer desde el comportamiento de la Tierra? Poco”, se pregunta y responde a la vez. “La Tierra es lo que es, está viva y se mueve continuamente. Hay zonas con grietas, donde los países con más cercanía a ellas son más proclives a tener terremotos y es donde el diseño sísmico tiene que estar más atento”, sostuvo, con el foco puesto en la seguridad de los edificios.

La especialista afirma que “no se puede saber cuándo esa presión generará movimiento, pero sí los lugares de fallas geológicas, que están identificados. La ingeniería debe estar atenta a cómo se comportan las estructuras, la infraestructura de las ciudades, de manera de poder mejorarla y que cada vez se comporten mejor. Cada país plasma en sus reglamentaciones cómo se deben diseñar las estructuras para que tengan un buen comportamiento, y cómo se deben construir”.

Evolución constante

México es altamente proclive porque se encuentra en un arco que va de América a Asia, donde se producen el 90% por ciento de los sismos del mundo y los más violentos.

“Los primeros que se han ocupado, históricamente de diseños sísmicos, fueron los japoneses que planteaban estructuras muy rígidas. Pensemos que en el sismo se propaga mucha energía, entonces, con el tiempo esto mutó a un diseño flexible”, contó la docente, y agregó: “Los edificios en altura son los que más sufren, porque les entra la onda por la base, se las mueve y repercute de abajo hacia arriba. Si la estructura es rígida y se resiste al movimiento se quiebra y llega el colapso. Pero si acompaña el movimiento, no”, señaló. “Los ingenieros podemos con nuestros diseños gobernar cómo se va a caer el edificio, cuando miraba a los niños que quedaban en los huecos esperando que los rescaten pensaba en eso. Hay que planear que los edificios van a trabajar al límite. Uno prevé el colapso, puede prever cómo va a caer la estructura y que queden huecos, por ejemplo, de manera que no desplomen las columnas”, graficó Peralta.

En comparación con el terremoto del 19 de septiembre de 1985, donde perdieron la vida más de 10 mil mexicanos, hubo muchísimas víctimas menos, y también fueron menos los edificios que colapsaron. “El diseño ha mejorado. Lo mismo en Chile, los edificios se están comportando como ha previsto el diseñador”, sostuvo la ingeniera.

Abordó la Tierra, la infraestructura, y ¿las personas? “Lo mejor que pueden hacer las comunidades que viven en zonas sísmicas son capacitaciones, entrenamientos, simulaciones. Hay que estar atentos a los fenómenos de la naturaleza. Aún no podemos saber con qué magnitud va a haber un terremoto ni cuándo, pero lo que podemos hacer es revisar estructuras, reglamentos y estar atentos a alertas tempranas, a las redes de alarmas. En general se puede tener una alerta un poco antes, y si hubo un sismo en Chile por ejemplo, se puede analizar cuándo va a llegar en otro lado por la red sísmica de todo el mundo. Al margen de todo lo desagradable y lo complejo representa un gran desafío para los profesionales, geólogos, meteorólogos, ingenieros, etc, de poder llegar cada vez con alertas más tempranas y mejorar diseños”, señaló.

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