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Clínica de clown con Enrique Federman

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La clínica de clown fue coordinada por el actor Enrique Federman con el objetivo de mostrar números de clown acabados o en proceso para trabajar su potencialidad. La convocatoria fue cerrada y estuvo dirigida a quienes tenían experiencia en la disciplina. Asistieron 20 personas de diferentes instituciones (estudiantes y graduados de la Facultad de Arte y alumnos de la Ñata Roja) y de distintas ciudades de la zona.

La dinámica de la clínica apuntó a la creación colectiva, entendida como una instancia de enriquecimiento mutuo, donde cada asistente presentó su número y, una vez finalizado, recibió sugerencias tanto del coordinador como de los demás asistentes.

Este encuentro fue un primer acercamiento al trabajo de cada participante, con la proyección de generar una segunda instancia donde presentar los números retrabajados, a modo de cierre y con el deseo de poder compartirlos a público abierto en una varieté.

Sobre el artista

Federman empezó trabajando en TV en el viejo Canal 7 con el Trío Batifufa, Quiquito y Cucharita. Luego de un itinerario dedicado al universo payasesco desde fines de los ’70, comenzó a dirigir. Su primera experiencia fue con ‘¡Pará, fanático!’. A partir de entonces dirigió desde al mago Adrián Guerra en ‘Secretos de Guerra’ hasta a Pablo Echarri en ‘The Pillowman’. También tiene espectáculos infantiles y clásicos del off, como ‘Perras’ y ‘No me dejes así’. Ahora, además de ‘El triángulo…’ -su primera obra con escenografía- tiene varios espectáculos para la familia en Tecnópolis: ‘No es magia es ciencia’, ‘Matemagia’ y ‘La sangre que respiro’, y acaba de terminar de reformar el unipersonal de Diego Reinhold: ‘Yo, una historia de amor’.

Federman, tiempo atrás dialogó con un medio capitalino:

-Los textos ajenos que dirigís, ¿son textos que podrías haber escrito?
-No, a mí lo que más me gusta es dirigir cosas muy distintas. Disfruto mucho hacer cosas que yo nunca jamás escribiría y ver cómo podemos acercarnos y juntar mundos. Porque sino después se termina mordiendo la cola. Es un desafío creativo hacer más allá de lo propio.
-Esta actuación remite al universo del clown. ¿Es así?
-Yo hay algo que denominé “falso clown”, que es esto de buscar la complicidad del público, pero con cuarta pared. Yo hice una especie de deconstrucción del clown para contar desde ahí, pero de otra manera. Por eso la obra tiene elementos del clown, repeticiones, chistes de un universo payasesco, pero más solapados.
-¿El clown toma elementos que tienen que ver con uno mismo?
-Yo creo eso hasta ahí. En el trabajo del clown hay una etapa en donde la búsqueda se produce tocando ciertos resortes personales, pero después es pura técnica, es un personaje.
-¿Creés que el objeto que causa risa es universal?
-Según Beckett, el sufrimiento del otro hace reír mucho. Yo viajé bastante haciendo humor sin palabras, y más allá de ciertos localismos, yo creo que lo que hace reír es lo que le pasa a la gente.
-¿Adaptabas las obras a esos localismos?
-No, salvo cambiar alguna palabra o gestualidad, pero no para causar un efecto únicamente. Por ejemplo, yo hacía una cosa muy tonta con los chicos que en general causaba mucha efectividad: hacía como que les sacaba los piojos. Pero en Japón los chicos no se reían. Resulta que después me enteré de que en Japón no había piojos. Entonces lo saqué.
-¿Y cómo ves ahora el clown?
-Hay gente que lo practica mejor, otros no tanto. Me parece interesantísimo para quien quiere actuar atravesar un curso de clown y ver qué pasa.
-Estás de acuerdo con lo que se dice de que un buen clown es buen actor, pero no necesariamente al revés…
-No es verdad. Con el tiempo me di cuenta de que uno por ahí es bueno para alguna cosa y no para otra, y no hay fórmulas. Es posible que tal cosa te facilite tal otra, pero no es condición sine qua non. En el mundo del clown ha habido ciertas premisas, pero yo no creo en ninguna de esas de forma definitiva. Me parece que no hay una sola manera de llegar a las cosas.
-¿Sos espectador de clown?
-Sí, sí. Me gusta mucho, aunque se me hace muy difícil sorprenderme.
-¿Cómo coexiste tu producción de teatro infantil y teatro para adultos?
-Me encanta. Trabajé muchos años con chicos como clown en La Galera Encantada y después con otros espectáculos. Con los chicos apelo a una zona de humor bastante estúpida mía. Estúpida en el buen sentido.
-¿Es otra zona a la que apelás para las obras para adultos?
-Y, en algún punto de deben tocar. ¡Sobre todo en la estupidez!

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El Eco de Tandil

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