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Tras la gira con el Coro Mundial de Jóvenes, Anastasia Dillon destacó que “fue una experiencia inigualable”

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Con tan solo 22 años pero con una interesante trayectoria, Anastasia Dillon participó del Coro Mundial Juvenil en Hungría. Es estudiante del Profesorado de Dirección Coral y Profesorado de Canto del Conservatorio de Música Isaías Orbe de Tandil. Tras una intensa audición, fue seleccionada entre más de 200 jóvenes para ser parte de esta experiencia.

El Coro Mundial Juvenil se rearma todos los años con diferentes coreutas, directores, repertorios, país anfitrión y gira. Este año, el país anfitrión fue Hungría y estos jóvenes vivieron una experiencia única entre el 4 y el 24 de julio.

En diálogo con El Eco de Tandil, la coreuta explicó que fueron 20 días en los cuales tuvieron una primera parte de ensayo y ensamble para luego prepararse para una gira que en este caso fue por Hungría y países vecinos como Bosnia Herzegovina, Serbia, Croacia y Eslovenia.

 

-¿Cuándo comenzó la travesía?

-La sesión del Coro Mundial era del 4 al 24 de julio. Yo me fui el 2 de julio y nos instalamos en Pécs, una ciudad al sur de Budapest en Hungría, donde tuvimos los 10 días de ensayo. El mismo 4 de julio tuvimos una cena todos juntos para empezar a conocernos y, al día siguiente, comenzamos con las actividades que tenía que ver con la organización de esas primeras jornadas.

Es una ciudad realmente hermosa, estábamos en una calle peatonal y teníamos cerca plazas y barcitos. Por lo tanto íbamos caminando hasta el Centro Kodály, lugar en el que ensayábamos. De vez en cuando teníamos algún programa especial como por ejemplo ir a algún concierto o recorrido por la ciudad.

Fueron 10 días muy intensos porque teníamos entre 6 y 8 horas de ensayo diarios; pero el objetivo era armar en ese tiempo el repertorio que los coros generalmente lo hacen en un año. Por más de que cada uno se había estudiado su parte y que los cantantes eran excelentes, el ensamble se tenía que dar y necesitábamos ensayar con los directores.

 

-¿El material lo tuvieron con anticipación?

-Un mes antes sabía el repertorio, pero algunas canciones no las recibimos hasta llegar allá. Otras nos las fueron enviando para que las estudiáramos pero, una vez todo juntos, nos repartieron el material completo: una carpeta, remeras, las partituras que eran la mayoría originales y sino copia autorizada por el autor. Es muy importante la cultura de copyright y acá no siempre podemos comprar las partituras.

 

-¿Cómo fueron esos 10 días de ensayo?

-Intensos pero todos con muy buena onda. Eramos 58 personas, incluyendo los organizadores, así que fue muy cansador pero hermoso. Tuvimos muchas oportunidades de aprender, ver lo que nos falta, conectar con muchísimas personas ya que éramos de 33 países distintos.

 

-¿Había muchos hispano hablantes?

-Éramos dos argentinos, un chico barítono de Paraná y yo de Tandil. Además había una delegación de cuatro venezolanos, cuatro de España y el grupo más grande era de Brasil que estaba conformado por seis chicos del mismo coro. Todos estábamos muy ansiosos por poder intercambiar y conocer un poco más del otro. Los coreutas teníamos entre 17 y 26 años y los líderes de cuerda generalmente entre 28 y 30.

 

-Me imagino la excelencia del nivel…

-Sí, realmente es increíble. Cuando llegué me di cuenta que hay un montón de cosas que me quedan por aprender y es un incentivo para mejorar. Es real que había gente de todo tipo: un montón de directores de coro, cantantes profesionales o estudiantes de canto lírico; pero también había un auditor financiero o una chica que estudió comunicación pero que eran muy buenos cantantes.

Los dos directores también unos genios, con estilos muy distintos y con un repertorio bien diferenciado. Con Zoltán Pad, de Hungría, hicimos canciones de compositores húngaros o serbocroatas y era una parte más clásica; mientras que con Ken Wakia de Kenia, hicimos arreglos de música popular, góspel y música tradicional africana. Por lo tanto teníamos un concierto muy lindo que se balanceaba entre escuchar música compuesta para coro y otra parte con obras más descontracturadas donde bailábamos.

 

-Luego de los 10 días de ensayo, ¿cómo continuaron?

-En un principio tuvimos dos conciertos no oficiales y que eran en conexión con coros de esas ciudades. El 13 de julio fue el primer concierto oficial con el cual abrimos la gira y fue ahí mismo en el auditorio del Centro Kodály en Pécs. Estábamos todos muy nerviosos pero el lugar es hermoso y tiene un escenario divino. Igualmente cada concierto fue especial.

El 14 de julio nos presentamos en Budapest y, a partir del 15, comenzamos la gira propiamente dicha con un colectivo con el banner del Coro Mundial. Por lo tanto todos los días amanecíamos a las 8 de la mañana, nos subíamos al colectivo y viajábamos hasta la ciudad que nos tocaba. Llegábamos cerca de las 15, dejábamos todo en el hotel, íbamos a probar sonido al lugar del concierto, cenábamos, cantábamos y así sucesivamente.

Nunca antes había ensayado todos los días ni durante tantas horas así como tampoco canté tan seguido; pero en esta oportunidad, íbamos a eso.

Luego de cada concierto teníamos una recepción con mucho vino (risas). En Hungría tienen una cultura del vino muy importante, por lo que las recepciones oficiales eran con algún vino especial. Por ejemplo tuvimos un concierto en una bodega y, cuando finalizamos de cantar, nos invitaron a una cata. Incluso tuvimos la oportunidad de ver a un grupo vocal que cantaba sobre el vino y tenían su propia bebida.

 

-¿Se presentaron siempre en Hungría o cómo fue el recorrido?

-No, tuvimos conciertos en distintos países. Comenzamos en Hungría, luego fuimos a Croacia, Serbia, Bosnia Herzegovina y Eslovenia. Siempre visitábamos la capital y alguna otra ciudad cercana de importancia o que tuviera una linda vida coral.

De esta forma, en Serbia estuvimos en Belgrado y Novi Sad donde cantamos en una sinagoga; en Croacia fuimos a su capital que es Zagreb; estuvimos en Koper, en Eslovenia; luego en Sarajevo, la capital de Bosnia-Herzegovina; entre otras ciudades.

En total hicimos 13 conciertos ya que cantábamos todos los días; solo tuvimos dos días libres pero teníamos programa esa noche.

 

-Entonces, con un balance más que positivo…

-Sí, la verdad es que fue hermoso. A pesar de que me di cuenta que me falta un montón, fue una experiencia increíble, que la volvería a hacer y sumamente recomendable. El año que viene sin duda volveré a audicionar.

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