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Charo Bogarin estará en Tandil presentando un taller de canto nativo

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Referente y cantante argentina de folclore, Charo Bogarín visitará la ciudad para dictar un taller sobre el canto nativo en lenguas originarias. Es parte del dúo Tonolec y hace algunos días lanzó su disco solista.

Charo nació en Clorinda, provincia de Formosa, y es tataranieta del cacique guaraní, Guayraré. En 1976, su padre Francisco Javier Pancho Bogarín – congresista peronista de las ligas agrarias- fue desaparecido (no identificado) y asesinado por la dictadura de Videla, por lo que se mudó con su hermana y su madre, maestra de frontera y más tarde ingeniera en sistemas, a la ciudad de Resistencia, Chaco.

La cantante dialogó con Rodrigo Revillo y Celeste Yanibelli en el programa de Tandil FM Revillo de Vuelta sobre este taller y su relación con lo originario.

-Venís a Tandil a brindar un taller que tiene que ver con cuestiones que tenes muy arraigado por tu abuelo, papá y tatarabuelo para hacer permanecer vivas sus lenguas nativas…
-Sí, estos talleres son el resultado y el producto de más de más de 17 años de trabajo con las lenguas originarias del norte argentino como son la lengua kon y la guaraní. El primer taller es el de canto en lengua kon, el cual se vivenciará en Tandil, y se trata pretende transmitirles a otras personas que estén interesadas en sacar esa voz y escuchar un canto que tiene que ver con una funcionalidad mucho más profunda.
Tiene que ver con volver a las raíces, entender que el canto sana, aprender del canto colectivo, disfrutar de la energía del canto del otro y apoyarnos también en el otro para cantar. No es necesario saber canto ni tener una formación sino que son necesarias estas ganas por aprender más de lo nuestro.

-¿Qué es lo que tiene el canto que sana?
-Siempre digo que cuando hemos olvidado nuestros cantos originarios, también olvidamos el sentido de elevar la voz y cantar. Al trabajar con los cantos originarios, lo primero que aprendemos no está solamente para pasar un buen momento sino que tiene un significado más profundo ya que se utilizan para las sanaciones. Es recuperar ese primer sentido, entonces le cantamos a la naturaleza, a los sentimientos y los procesos en comunidad y colectivos. En ese momento es cuando el canto comienza a funcionar de manera diferente; por eso lo hacemos juntos y no hay nadie que se destaque dentro de ese canto. Es vivenciar a través de lo energético, de escuchar y repetir. Creo que hay algo mágico en esto de trabajar con lenguas que son ancestrales y que despiertan en nosotros un espíritu anterior o una conexión con los seres originarios de nuestra tierra.

-Además a nivel de vibración, la música tiene un efecto en el cuerpo.
-Sí, lo vas vivenciando y cargando de esa energía. A mí me pasa también en los conciertos porque, si bien uno es quien está arriba del escenario y el público está observándote, una vez que empiezan los aplausos y las miradas, esa energía también va y viene. Genera algo muy lindo y poderoso.

-¿Con la españolización nos estamos perdiendo algún tipo de sentimiento o sensación?
-Yo creo que sí porque la construcción del lenguaje de los pueblos originarios tiene que ver más con lo poético y no con lo literal, como acude mucho la lengua española. En cambio el otro lenguaje es más poético, te describen con muchas palabras una sola acción y esto es lo rico del lenguaje de nuestros antepasados. Justamente en el canto intentamos recuperar eso y, en particular el pueblo kon, tienen palabras muy metafóricas.
Son cosas que hacen bien al espíritu en estos tiempos donde ocupa mucho lugar lo material y lo individual.

-¿Cuánto haces que haces estos talleres y cómo fue la experiencia en todo este tiempo?
-Los talleres los hago hace más de 7 años. Han viajado por México o China y la gente la toma de la misma manera ya que estamos trabajando con un lenguaje ancestral y ahí también entran a jugar distintos factores que tienen que ver con los sentimientos o las vibraciones que hablábamos antes.
De tal forma que la gente sale muy conmovida. Generalmente participan entre 40 y 50 personas. Uno de los que más recuerdo es uno de los talleres que fui a dar a Pampa del Indio, en Chaco donde yo fui criada, con la misma gente que tenía esa lengua. En un principio pensaba qué les podía enseñar yo a ellos; sin embargo ellos tampoco tienen tan asimilados todos los cantos y el trabajo musical que fui recopilando a lo largo de este camino. Realmente fue hermoso verlos cantar en su lengua, participar y hacer estas rondas.
Creo que tiene que ver con el orgullo de ser quienes somos y de ser portadores de sangre nativa.

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El Eco de Tandil

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