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Hace 25 años cerraba una etapa inolvidable

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¡Te acordás hermano, qué tiempos aquellos! Epocas que no volverán.

Veinticinco años atrás, la máxima categoría cerraba un ciclo histórico en las sierras. Más de catorce años de plena actividad en el coqueto trazado serrano, uno de los más cautivantes del país. El Nürburgring argentino, reducto por encima de los 32 kilómetros de recorrido, transitaba un paisaje soñado y una topografía con todas las variantes posibles.

Diecisiete ediciones de la clásica Vuelta de Tandil se vivieron en el emblemático lugar, y cuatro competencias especiales (ACTC, Lobería dos veces y Benito Juárez).

Roberto Mouras fue el más ganador en el circuito tandilense con cuatro conquistas, el “Pincho” Castellano y Juan María Traverso ganaron en tres oportunidades.

El último capítulo tandilense deparó una jornada inolvidable, con casi ochenta máquinas, una carrera con alta temperatura, suspenso y golpes de escena.

No era para menos, un “tramo” rico de la historia del automovilismo en Tandil clausuraba una etapa fascinante. El marplatense Juan Manuel Landa inscribía su nombre en aquel segundo domingo de marzo, seguido por el “Chueco” Romero, y los tandilenses Fabián Acuña y José “Pepino” Malisia dirimiento ambos, un lugar en el podio. Los cuatro encerrados en algo más de once segundos, “viajando a fondo” nada menos que 258 kilómetros.

Una fecha inolvidable para los teceístas, para los que recuerdan el folclore de los carreteros, los que celebraron o escucharon las lides en el descenso de Belén, o en la “Vivorita”, en la variante de Montecristo, y de aquellos que disfrutaron esa magia inexplicable de la ruta.

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Sobre el autor

Luis Orlando Sánchez